Estamos a menos de un mes de que el 2019 se termine, de que una década llegue a su fin, y es común escuchar sobre recomendaciones y supersticiones.

Estamos a menos de un mes de que el 2019 se termine, de que una década llegue a su fin, y es común escuchar sobre recomendaciones y supersticiones para empezar con pie derecho el siguiente año: usar ropa interior de colores o dar muchas vueltas a la manzana con una maleta. Sin embargo, lo más valioso de este nuevo inicio es un proceso de introspección, revisar cómo estamos y en qué parte del camino vamos con todo lo que nos hemos propuesto. 

Hay ocasiones en las que revisamos viejos documentos y de pronto nos encontramos con fotos y escritos que nos hacen recordar lo que fuimos en años anteriores; en esencia somos los mismos, pero nuestra forma de ver el mundo ciertamente ha cambiado. 

La vida es impredecible, va mutando en base a nuestras decisiones y experiencias y aunque los nuevos inicios siempre emocionan, lo ideal es repasar cuáles son nuestros objetivos y plantearnos metas a corto plazo. Olvidémonos de las típicas preguntas de cómo nos vemos en 10 o 20 años. En lugar de eso, pongámonos metas alcanzables, acciones y resultados que podamos medir de a poco y que nos ayuden a cosechar nuestro futuro inmediato. 

Tengamos presente a nuestro yo de hace 5, 10, 20 años, porque nos recuerda lo que somos hoy en día y nos hace apreciar nuestro proceso de aprendizaje. Lo hermoso de este camino que recorremos es ese sube y baja, así como una montaña rusa: emocionante, aterradora e impredecible, una aventura que nos hace recordar que estamos vivos. 

Escrito por: Verónica Pinzón

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