Los que hemos pasado sin pareja la mayoría de nuestras vidas somos conscientes de que mucha gente es alérgica a la soltería.

Los que hemos pasado sin pareja la mayoría de nuestras vidas somos conscientes de que mucha gente es alérgica a la soltería. Es como si esta fuese un derecho que expira en algún punto entre la segunda y la tercera década de edad, a partir del cual empiezan a llovernos preguntas y comentarios como, “¿Tan linda y sin novio?” y, “No te preocupes. Seguro vas a encontrar a alguien pronto.”

La gente inicia o prolonga relaciones románticas por razones cuestionables todo el tiempo: codependencia, costumbre, despecho, miedo a empezar de nuevo. Sin embargo, nunca he escuchado a alguien responder a un “Me amarré” con un “¿Cómo así?”

Entonces, ¿por qué la soltería sí hay que justificarla? En un mal día, es vista como consecuencia de errores cometidos en relaciones pasadas o simple incompetencia en el amor. En el mejor de los casos, es aplaudida solo por ser descrita como un período de introspección en el cual nos dedicamos a arreglar todo lo que parece estar roto en nuestras vidas para luego poder tener una relación saludable. Hay que quererse a uno mismo para querer a alguien más. Pero este cliché, aunque tiene sentido, continúa presionándonos a darle una fecha de caducidad a nuestra soltería.

¿Qué pasa con los solteros que aún después de alcanzar los niveles mínimos necesarios de autoestima, satisfacción profesional y madurez emocional siguen prefiriendo no buscar pareja? Existen. Y nos recuerdan que la soltería no es un purgatorio para los que sueñan con encontrar amor ni un síntoma de defecto de fábrica en los que tienen otras prioridades.

Escrito por:
Diana Illingworth.
Periodista. Apasionada por el lenguaje y la mente humana.
Amante de la fotografía, la música y el medio ambiente.
Cuestionadora a tiempo completo.

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Diana Illingworth.
Periodista. Apasionada por el lenguaje y la mente humana. Amante de la fotografía, la música y el medio ambiente. Cuestionadora a tiempo completo.

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