Dejemos de romantizar el sacrificio
Según el diccionario se conoce al sacrificio como “esfuerzo, pena, acción o trabajo que una persona se impone a sí misma por conseguir o merecer algo o para beneficiar a alguien”.

Según el diccionario se conoce al sacrificio como “esfuerzo, pena, acción o trabajo que una persona se impone a sí misma por conseguir o merecer algo o para beneficiar a alguien”. De acuerdo a este significado, cuando el sacrificio es para uno mismo por conseguir algo que queremos y nos fijamos como meta, y esta meta nos va a llenar de satisfacción en un futuro a mediano o largo plazo, entonces quizá sea algo positivo, pues estaremos ayudándonos a nosotros mismos, lo cual es la base para luego poder ayudar a los demás. Sin embargo, ¿qué pasa cuando el sacrificio es para “beneficiar a alguien más”? ¿Por qué debemos sacrificarnos por alguien más? Probablemente la misma historia a lo largo de los años, nos ha enseñado a admirar el sacrificio, como si ser mártir fuera algo que no pasa de moda y al final nos darán un reconocimiento en la lápida (y a veces ni eso).

Tanto hombres y mujeres somos seres humanos, tenemos virtudes o fortalezas, pero obviamente también defectos o debilidades, y es maravilloso ser esa persona tan perfectamente imperfecta. En la actualidad hay muchos artículos que se refieren al amor propio y de cómo esto no es egoísmo (que tampoco creo que tendría algo de malo si quisiéramos ser egoístas, pues al fin y al cabo la vida es de cada uno), pero aún estamos lejos de empezar a hacerlo realidad.

Quizás podamos empezar de a poco, paso a paso, saliendo a comer o a comprar algo costoso que siempre quisimos, o reviviendo ese tiempo para uno mismo, o con ese amigo o familia que antes nos insistía para vernos y que luego dejó de hacerlo por nuestra falta de atención.

Esto es sólo la punta del iceberg, luego empezaremos a disfrutar de estos momentos sin culpa (puesto que no hay ninguna), empezaremos a dejar de darle gusto a la sociedad, y nos daremos gusto a nosotros mismos, a viajar, escribir, bailar, trabajar, amar sin tener que sacrificarnos por nadie ni nada, e incluso a disfrutar del tiempo de no hacer nada.

Porque cada uno de nosotros es responsable de su propia felicidad, esa es la regla de oro, por lo tanto que tal si empezamos a dejar de romantizar el sacrificio. Estoy segura de que le tomarán un gusto a esto de conectarse con el amor propio.

Escrito por Carolina Torres Intriago
Ingeniera Comercial especializada en Recursos Humanos. Apasionada por viajar y escribirlo todo. Feminista y animalista.