Fuimos testigos de cómo el mundo convulsionaba y la gente se tomaba las calles en varios países de América Latina.

Fuimos testigos de cómo el mundo convulsionaba y la gente se tomaba las calles en varios países de América Latina. Estuviéramos de acuerdo o no, fuimos testigos también de cómo un canto para detener el abuso contra las mujeres se tomaba paulatinamente cada vez más espacios. La coreografía de Las Tesis pasó de Chile a la Torre Eiffel o Turquía, de alguna forma las mujeres despertaban y se expresaban al unísono de que la culpa no era nuestra, ni dónde estábamos, ni qué vestíamos. 

Podríamos decir que ese canto feminista también puso en evidencia lo peor, o al menos una parte bastante deplorable, de nuestra sociedad. Resultaba fácil señalar con el dedo y tacharlas de feminazis, de innecesarias, de alarmistas, de ridículas. Como si para ser feminista existiera un manual de ‘pasos a seguir’, como si para ser feminista existiera un molde de qué vestir, cómo protestar y qué canciones bailar. Y sí, seguimos en el siglo XXI y los pezones generan más indignación que los violadores.

Señores, con las cifras alarmantes de abuso sexual y femicidio, ¿de qué forma amigable sugieren que se proteste? A las víctimas de abuso les tomó años y varias citas con el psicólogo entender que no eran culpables. Nos seguimos tomando las calles porque todavía nos agreden, nos matan e intentan silenciarnos sin éxito. No olvidemos cómo pretenden decidir sobre nuestros cuerpos cuando irónicamente nosotras poco a poco ya estamos decidiendo el rumbo del mundo. 

Gracias a la feminista ‘alarmista’ tu hija, tu prima, tu hermana o tu sobrina podrán vivir en una sociedad mejor. No solo estarán conscientes de que los victimarios son los únicos responsables, sino que también algún día podrán caminar tranquilas por las calles, no tendrán que lidiar con el techo de cristal, harán uso real de sus derechos y libertades, etc. 

Antes de criticar a una feminista pregúntate primero, ¿qué estás haciendo tú? 

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