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La falta de compromiso es una realidad, y la ausencia que puede sonarnos más cercana es la falta de compromiso en las relaciones sentimentales.

La falta de compromiso es una realidad, y la ausencia que puede sonarnos más cercana es la falta de compromiso en las relaciones sentimentales. Es ahí cuando el clásico ‘estamos en algo’ se convierte en un ciclo de varios meses que concluye en ‘no, no éramos nada’. O mejor aún, ‘qué pereza presentarlo a todos’. Este poco interés por darle al otro el espacio que debería ocupar —o al menos el adjetivo emocional más obvio para el resto, es el espejo de una generación que busca vivir sin ataduras, uniones o lazos. 

Creemos que sumergirnos en una relación nos restará automáticamente libertad. El problema en realidad radica en otro lado, nos da pánico entregarnos por el miedo al fracaso o al abandono. Pensamos dos veces antes de arriesgarnos a un nuevo desafío y claro, como el amor no trae consigo garantías preferimos vivirlo a medias. Sin forzar las cosas, sin grandes saltos, sin tanta formalidad. 

Bien para unos, incorrecto para otros tal vez. Prestemos atención en caso de que esta ausencia de compromiso se extrapole a otros aspectos. A veces, es momento de creer en algo y dejar a un lado esos miedos que incluso nos pueden limitar de vivir a plenitud. ¿Por qué no iniciar ese negocio que tienes en mente? ¿Por qué no apostar por el proyecto que te están ofreciendo? ¿Por qué no cambiar definitivamente ese hábito tan dañino para tu salud? ¿Por qué no formalizar esa relación que tan feliz te hace? Las preguntas quedan sobre la mesa…

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