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Ser saludable es más que solo alimentarse bien.

Nos han vendido la idea de que lo más importante para ser saludable es cambiar nuestra dieta, que ésta es la clave para un buen estilo de vida, y, por ende, para ser feliz.

Sí, es importante elegir alimentos nutritivos, pero existen otras formas de nutrir nuestro cuerpo y nuestra mente que a menudo ignoramos.

Construir relaciones sanas

Imagina que llegas del trabajo y al abrir la puerta te recibe tu pareja: “Estamos atrasados con los pagos”, “Se dañó la refrigeradora esta mañana”, “Tu hija no quiere hacer los deberes”, ¿Cómo te sentirías? ¿Sería igual si te recibiera con un abrazo?

Somos seres sociales y necesitamos rodearnos de personas que nos impulsen a ser nuestra mejor versión, que nos acepten tal y como somos y que traigan a nuestra vida energía positiva, ya sea una buena amistad, familia o pareja. Sin embargo, existen relaciones enfermizas que hacen lo opuesto.

Comentarios como: “Hablas estupideces”, “Deberías de bajar de peso”, “No sirves para eso”, pueden ser igual de dolorosos que una agresión física. Si identificas esto en alguna relación, es momento de despertar. Amarte, conocerte y entender cuánto vales te llevará a reconocer y darte el poder de elegir cómo manejar la situación.

Disfrutar lo que haces

Por otro lado, al imaginar nuestros objetivos laborales tendemos a visualizar la meta final sin recordar el camino hacia ella. No es necesario tener el trabajo perfecto, sino permanecer en el camino que te lleve a él. Esperar ser feliz para cuando alcances el trabajo de tus sueños es desvalorar el presente y quitarle el gozo del transcurso hacia tus metas.

Sin importar el ámbito en el que estés o si no te sientes en plenitud con lo que haces actualmente, asegúrate que tu ambiente de trabajo te motive a auto-realizarte. Lo importante es que sepas que es un paso más para acercarte a tu objetivo. ¿Qué sería de los sueños si fueran tan fáciles de alcanzarlos?

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Recuerda que tú tienes el poder de decidir dónde quieres estar en el presente y cómo sentirte. Pregúntate, ¿Realmente soy feliz con lo que estudio o trabajo? ¿Es un paso que me acerca a mi meta? ¿O es simplemente una rutina en la que he caído?

Llevar una vida activa

Por otra parte, tener una vida activa no se trata de pasar tres horas diarias en el gimnasio simplemente es hacer pequeños cambios en tu vida cotidiana, desde elegir las escaleras en vez del ascensor a trotar o ejercitar una hora diaria.

Trabajar en tus proyectos, mantenerte ocupado en actividades que involucren tu energía es también mantenerte activo. Esto te permite trabajar en tu propia autoestima, confianza y seguridad. ¿Quién no se motiva al ver su esfuerzo reflejado en buenos resultados?

Una vida activa te permite dirigir este ánimo y perseverancia a otras áreas de tu vida, ya sea para terminar un proyecto inconcluso, alcanzar tu peso ideal, mejorar en tus estudios, etc. No sólo se trata en ver un cambio en el aspecto físico, sino en cómo te hace sentir incluir buenos hábitos y mantenerte en movimiento constante día a día. 

Trabajar en tu espiritualidad

Probablemente has escuchado la frase “Ama al prójimo como a ti mismo”, pero ¿recuerdas el “como a ti mismo”? Date tiempo de conocerte al igual como das tiempo a tus amigos o familia.

Los momentos en los que estás a solas son los indicados para trabajar tu espiritualidad. Ya sea al bañarte o antes de dormir aprovecha para preguntarte: ¿Cómo puedo empezar? ¿Cuál es mi objetivo en la vida? Conéctate con tu voz interior y permite que te aclare quién realmente eres.

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Todos tenemos la capacidad de ser felices y esto nos hace responsables de cómo nos vayamos a sentir el resto de nuestras vidas. Por eso, quiero invitarte el día de hoy a preguntarte: ¿Realmente soy saludable?

Escucha tu respuesta, y motívate a emprender un cambio en tu vida si es necesario.  Cada día es una nueva oportunidad y cada segundo es el momento indicado para comenzar.

Escrito por:

Stephany León V

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