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Crecí pensando que para ser feliz tenía que complacer a todos a mi alrededor; particularmente a quienes uno más quiere...

Crecí pensando que para ser feliz tenía que complacer a todos a mi alrededor; particularmente a quienes uno más quiere, en mi caso, mi familia. Pensaba que si los mantenía contentos con acciones acordes a lo que ellos consideraban “correcto”, todo estaría bien. Pero ¿qué pasa cuando te das cuenta que te hace feliz otro tipo de cosas? Un trabajo poco convencional, sacrificar horas de descanso para alcanzar tus sueños. ¿Qué pasa si no quieres estar toda tu vida en una oficina, o si quieres a alguien diferente a lo que tu familia considera como la persona ideal para ti?; ¿qué pasa si te conviertes en la “oveja negra”?. 

Se ha creado esta expresión despectiva para indicar cuando una persona no actúa acorde a ciertos estándares de comportamiento, pero todos hemos sido esa oveja negra en algún momento, desde que escogemos renunciar a la carrera que estudiamos hasta decidir terminar una relación de mucho tiempo. 

Muchas situaciones y personas, con buenas y malas experiencias, me hicieron entender que la vida hay que disfrutarla basándonos en nuestras creencias y en lo que nos hace felices. No hay que ser una oveja más del montón, la que sigue a su pastor junto al rebaño, sino ser la que cuestiona, la que se va hacia otro lado, la que toma sus propias decisiones. Si uno vive siguiendo sus deseos e intuiciones, mientras respete la libertad de los demás y sin hacer daño a nadie, uno puede forjar su propio camino. 

Creo que ya no es época de dejarnos invadir por los tabúes y miedos que nos inculcan, el bendito “qué dirán”, lo que tienes que hacer: estudiar, graduarte, trabajar, casarte, tener hijos. No. No hay una fórmula, no hay un paso a paso para llegar a ser feliz. 

A mí me costó entender que lo que yo quiero no está mal, concentrarme en mí, en mi crecimiento, en no sentirme obligada a estar con alguien que no quiero, no aparentar, ser yo misma, decir lo que pienso; en fin, todo aquello que anhelamos y que refleja exactamente lo que somos. A pesar de que vivimos en una sociedad donde todo el mundo mira lo ajeno y le sobran palabras para criticar, uno debe ser fiel a sí mismo y luchar por lo que quiere. Aprendamos a cuestionar los dogmas establecidos por las demás generaciones. 

Yo decidí ser la oveja negra de la familia: renuncié a un trabajo que no me gustaba, estuve con la persona que quise, dejé mi país para ir en busca de algo más grande, tengo 25 años y aún veo muy lejos la idea del matrimonio; entendí que la responsabilidad de quienes nos quieren es aceptarnos tal y como somos. La nuestra es crear nuestra propia felicidad, permitirnos sentir la paz interior que da seguir nuestro corazón, aunque esto signifique a veces ser la oveja negra que va en contra de la corriente, pero que siempre está orgullosa de ser quien es.

Veronica-Pinzon

Escrito por:
Verónica Pinzón.
Actriz, comunicadora, productora.
Creadora de Salvaje Producciones.
Graduada de Publicidad y Relaciones Públicas de la Universidad Casa Grande.
En mis tiempos libres canto y escribo

Veronica-Pinzon

Escrito por:
Verónica Pinzón.
Actriz, comunicadora, productora.
Creadora de Salvaje Producciones.
Graduada de Publicidad y Relaciones Públicas de la Universidad Casa Grande.
En mis tiempos libres canto y escribo

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