portada (7)
Cuando somos adultos jóvenes, la mayoría de nuestras conversaciones tienen que ver con el trabajo.

Cuando somos adultos jóvenes, la mayoría de nuestras conversaciones tienen que ver con el trabajo: el que nos gusta, el que no, el que perdimos, el que cambiamos por uno mejor. Una de las críticas que recibimos los Millennials por parte de generaciones anteriores es que saltamos de un trabajo a otro con demasiada frecuencia. Nos llaman flojos e impacientes, y nosotros los tildamos de viejos cascarrabias que no entienden que los factores que motivan a los jóvenes de ahora no son los mismos que antes.

Pero sea cualquiera nuestra motivación para aceptar o rechazar un trabajo, una cosa es cierta: los jóvenes tenemos privilegio. Lo irónico es que somos tan conscientes de lo difícil que es para nuestra generación conseguir trabajo que nos cuesta imaginar que para otros es aun más complicado. Vamos a hablar de lo que llaman edadismo.

Cuando un adulto mayor se aferra a su trabajo – por más imperfecto que este sea – con miedo a no poder ser contratado en otro lado por su edad, no está exagerando. Estadísticas muestran que, entre dos candidatos con las mismas aptitudes y considerable diferencia de edad, lo más probable es que los empleadores seleccionen al más joven.

Hasta cierto punto, entiendo por qué. Los jóvenes son más propensos a aceptar sueldos bajos porque sienten que tienen tiempo para escalar. También se podría argumentar que tienen más energía para soportar turnos largos y la presión que caracteriza a algunas industrias. Tal vez son solteros que no tendrán que ausentarse para cuidar a sus hijos.

Pero para ellos tampoco es tan fácil. El mercado competitivo se contradice. Las empresas quieren que seas joven, pero cada día exigen mayor capacitación para considerarte digno de ser contratado, hasta que, a cierta edad, te empiezan a ver como obsoleto en lugar de valorar los años de experiencia que querían que tuvieses. Nos imponen una fecha de caducidad laboral que condena injustamente a los que extienden su educación o se cambian de carrera a la mitad de sus vidas porque recién encontraron su vocación.

Asegurémonos de que cuando se hable de “diversidad” en el sitio de trabajo, no se esté pasando por alto la discriminación por edad. Esta no debe ser el factor que determine quién entra, sale o asciende en la jerarquía de una oficina. Notemos las ventajas y los desafíos de las demás generaciones, y seamos comprensivos. Estamos en esta juntos.

Dejar un comentario

popup-frase
* Campos requeridos