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En esta Navidad, pensemos inteligentemente nuestras compras.

En pleno Alexanderplatz en Berlín, aparece una máquina dispensadora de camisetas blancas anunciando que por 2 euros obtienes la tuya. Rápidamente se forma una fila; una camiseta por ese precio es difícil de resistir.  Al ingresar los dos euros aparece en la pantalla Manisha, una niña  de unos 12 años que te explica ella fabricó esa camiseta. Recibió de pago el equivalente a 0,13 centavos de euro por 14 horas de trabajo diarias. 

La cara feliz del comprador se evapora, mientras en la pantalla aparece un mensaje preguntando si quiere continuar con su compra. El 100 por ciento de los Berlineses contestaron que no.

Curioso que no siempre tenemos en cuenta que detrás de cada objeto hay una persona, una vida, y a veces, su libertad.

Esa sola razón hace que el objeto, por superfluo que parezca, no lo sea.

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Un paréntesis necesario: la intención de este artículo no es hacer sentir culpable a nadie. De hecho, dándole la vuelta al tema, con pena admito que no encuentro una fórmula para evitar del todo, consumir productos elaborados de forma abusiva para las personas o para el medio ambiente. En algún momento incluso pensé  no escribirlo, porque me sentí incongruente y sin autoridad moral para denunciar un tema en el que inevitablemente sigo participando. Pero decidí seguir, porque siento que investigarlo me ha servido para tomar mejores decisiones a la hora de comprar.

Hace un par de años dejé de comprar en Zara y en Mango, con muchísima pena porque sus tiendas me siguen gustando mucho. Pero enterarme de que parte importante de sus prendas eran fabricadas por lo que se conoce como esclavos modernos, muchos de ellos niños, fue para mí un deal breaker, como dicen en inglés. Habría sido para mí tan satisfactorio saber que ahí se resolvía el problema, que era solo cuestión de evitar ese par de tiendas. Pero nada es más lejos de la verdad.

El movimiento que empezó en los 90’s proponiendo a los consumidores  escoger productos éticos analiza una serie de factores como impacto ambiental, responsabilidad social, contratación de minorías, transparencia en la información, fair trade, etc.

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Me llamó la atención encontrar la marca “Patagonia” entre las ejemplares. Maravilloso esfuerzo. Pero difícil proponerles vestirnos todo el año con ropa fabricada para deportes de invierno. Difícil también porque no fabrican computadoras, ni café, ni refrigeradoras, ni libros. Difícil porque no están disponibles en Ecuador.

Como lo ideal es lo enemigo de lo posible, creo que lo mejor será aceptarlo como mi mantra a la hora de las compras e intentar mantener ciertos criterios:

  1. En todo lo que sea posible, comprar productos locales, preferiblemente de negocios pequeños
  2. Si hay la opción, escoger siempre productos con el sello de Fair Trade. Esto es muy importante, pues significa que el proveedor de los insumos recibió un pago justo, lo que le garantiza la subsistencia digna.
  3. Investigar bien las marcas que me gustan para ver cual de ellas está haciéndolo mejor. Zara y Mango, por ejemplo acaban de mejorar sus políticas de responsabilidad social y si bien aún necesitan mejorar, están por buen camino. Hay varios sitios en la web donde se puede ver la calificación de tu marca favorita.
  4. Al comprar en línea, solicitar especialmente que el empaque sea lo mas ligero posible. Un ejemplo del efecto positivo de los consumidores, fue lo que ocurrió con Amazon cuando luego de muchas quejas en redes sociales, del exceso de basura generado por la cantidad de papel y cartón utilizado para empacar, la compañía redujo sustancialmente su empaque.
  5. Dentro de lo posible, comprar productos que tengan programas en beneficio de la comunidad.
  6. Comprar menos, pero de mejor calidad.
  7. Al ir de compras, llevar mis propias fundas reutilizables.

Estoy consciente de que adoptar estos u otros hábitos no son garantía de cambios a nivel mundial. Pero también estoy clara en que los consumidores tenemos un poder enorme, y que las empresas están atentas a nuestras preferencias. Lo que a nosotros nos importa, les importa a ellos.

¿Qué tal? ¿Te animas?

Escrito por: Caridad Wright

@thewonderluststyle

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