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Mientras buscamos la “igualdad” nos resistimos a cambiar actitudes machistas a la hora de comer. ¿Quiénes deben de pagar la cuenta, ellos o ellas?

Estás en una cita con tu novio o el chico que te gusta en un restaurante. Y el momento es grato, chistoso e interesante hasta que llega la cuenta. Algunas optan por mirar hacia abajo y amagar que están buscando su billetera; otras, siguen el hilo de la conversación pues ese tema no les compete; y también están quienes ponen su tarjeta sobre la mesa y dicen “yo pago”.

Si le preguntas a tu abuela, quizás te responda que son ellos quienes deben de pagar la totalidad del consumo “es lo que se acostumbra, deja que te invite, que aprenda a ser caballero”. Comentarios que no sorprenden puesto que vivimos en una sociedad donde la figura del hombre como “macho proveedor” se mantiene.

Pero lo que no nos damos cuenta es que mientras algunas buscamos la “igualdad” de género en este siglo XXI, nos resistimos a cambiar a diario ciertos roles aceptando micromachismos. Porque así como esperamos que ellos paguen la factura, ellos podrían esperar que les planchemos sus camisas.

Es un tabú arraigado en el país. Hasta el mesero cuando trae la cuenta la inclina hacia el puesto masculino, como si nosotras no tuviéramos la posibilidad o intención de pagar. Llegó el momento de cambiarlo, y así nos encante que nos inviten (¿a quién no?), no hay que dejar que nuestra pareja o ‘amigo con derecho’ nos mantenga a la hora de comer, sino que cada uno lidie con su consumo, como un equipo, uniendo fuerzas pues ninguno debe tener más peso que el otro, de eso se trata la equidad.

No estar en capacidad económica no debe ser un problema. Si en tu trabajo ganas la mitad que él y están tomando algo en un bar, lleguen a un pacto, como pagar un proporcional de acuerdo a sus posibilidades.

Ahora, si él te propone ir al restaurante más costoso de la ciudad y sabes que no estás en la condiciones, no supongas que él lo cubrirá, antes de aceptar, coméntale (si es el caso) que no tienes o no deseas gastar tus ahorros en ello y propón otro plan divertido de bajo presupuesto. Ya quedará en él si es oportuno ese lujo.

Si aún no trabajas, espera a que la otra persona pida su plato para saber cuál es el rango de precio. Una excelente opción es llevar siempre contigo monedas, para colaborar con la propina o el parqueo. A él solo le importa que lo intentes, pues la intención vale más que el dinero.

Sin embargo, que la mujer proponga pagar, no quiere decir que ellos siempre lo acepten. Si es una primera cita, déjate consentir, pero, si las salidas continúan, la próxima vez, si te consideras libre e independiente, le dirás “¡esta vez invito yo!”.

Para construir una mejor sociedad se comienza con uno mismo. Pregúntate, de todas tus salidas y citas, ¿cuántas veces haz pagado tú? Quizás la próxima ya te toque. Recuerda que no hay reglas, si no van a dividir la cuenta que pague quien quiera, quien pueda, a quien lo haga feliz en ese momento.

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Escrito por:
Ariana Arias.
Periodista por profesión. Fotógrafa por afición. Perfeccionista por obsesión. Cuestionadora compulsiva. 

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Escrito por:
Ariana Arias.
Periodista por profesión. Fotógrafa por afición. Perfeccionista por obsesión. Cuestionadora compulsiva. 

1 Comentario

  1. Me gustó mucho tu artículo. Comparto totalmente tu idea y adhiero a que “para construir una mejor sociedad se comienza con uno mismo”. Saludos 🙂

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