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Cuando el caso de Martha y la muerte de Diana convulsionaron nuestra sociedad, más de un hombre en Twitter y en las calles se sumó a la causa.

Cuando el caso de Martha y la muerte de Diana convulsionaron nuestra sociedad, más de un hombre en Twitter y en las calles se sumó a la causa. Ellos también eran Martha, ellos también eran Diana, ellos eran por sobre todas las cosas seres humanos indignados con la violencia y el abuso de poder. Sin embargo, en más de una ocasión salió una mujer a decir que ellos no podían identificarse con las víctimas y tampoco ponerse la camiseta del feminismo porque no eran mujeres. ¿Así de fácil se puede discriminar en una causa que compartida podría generar cambios más rápidos?

Es imposible negar los privilegios que los hombres han tenido y también resulta inaudito negar que por décadas hemos aprendido a correr el doble –a veces en tacones–. Sin embargo, el acabar con las normas de género tradicionales puede ser una labor entre todos. Los hombres no deberían suplantar jamás el rol de una mujer o ser voceros de la lucha feminista pero sí pueden sumarse para educar juntos a las nuevas generaciones.

Es momento de creer en un feminismo compartido porque una sociedad mejor solo se construye entre todas sus partes. Es tiempo de reconocer a ese hombre que no titubeó en alzar su voz frente a una injusticia, a ese hombre que también se ve golpeado por un nuevo caso de abuso, a ese hombre que enseña a sus hijos que el género no los define.

Por ese esposo que cree en la carrera profesional de su pareja.
Por ese padre que comparte las responsabilidades del hogar.
Por ese hermano que busca las mismas oportunidades para su hermana.
Por ese hombre que sabe que todavía queda mucho por hacer.
Por él que es feminista y no lo sabe.

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Escrito por:
Paula Lanata Cedeño.
Politóloga en proceso. Creativa, pastelera y planner.

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Escrito por:
Paula Lanata Cedeño.
Politóloga en proceso. Creativa, pastelera y planner.

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