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Hemos normalizado el aborrecimiento y la exageración por nuestras imperfecciones.

Hemos normalizado el aborrecimiento y la exageración por nuestras imperfecciones. Leer esto puede generarnos un rechazo automático porque suena crudo y duele. Sin embargo, la inconformidad con ciertos aspectos de nuestras vidas se ha transformado en un tema común —y casi infaltable— que compartimos con las personas que nos rodean. ¿Somos conscientes de este círculo negativo en el que a veces nos ahogamos? 

Las críticas sirven para poner los temas sobre la mesa y darnos cuenta de cuáles son esos cambios que piden a gritos realizarse. Siempre es bueno mirar hacia atrás y ver qué aspectos mejorarías en el camino avanzado, para sentirte mucho más pleno en las próximas rutas por recorrer. El problema de las críticas surge cuando no hay un plan de respuesta. Y sin duda, la crítica más fuerte es juzgarte con excesiva dureza sin reconocer el lugar en el que ahora estás. 

Que la próxima vez que nos critiquemos sea para tomar acciones concretas sobre el tema. Si no estás conforme con tu cuerpo haz algo por cambiarlo, ese rollito que tanto te molesta podría solucionarse con unas horas de gym. Si no estás contento con tu carrera atrévete a darle ese giro que te permita vibrar nuevamente como profesional. O haz esa maestría que tanto sueñas e incluso podrás mejorar tus ingresos. Sabes perfectamente en tu interior, que ese tema del que tanto te quejas sí tiene una solución. 

Salgamos de ese modo de autodestrucción y olvidémonos de la absurda negatividad en la que entramos cuando llegamos a la adolescencia. Las críticas negativas sin un plan de acción son el reflejo de inseguridades, ¿esa es la imagen que queremos transmitir? Creer que no somos lo suficientemente inteligentes, atractivas, preparadas o listas es un boicot innecesario. Desafía tus propias metas para llegar más lejos, pero no menosprecies el camino que has recorrido.

Escrito por: Redacción Awake

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