portada-relatos1
Uno puede vivir su historia desde el lado de víctima, quedarse en ser una víctima y vivir en el dolor.

“Uno puede vivir su historia desde el lado de víctima, quedarse en ser una víctima y vivir en el dolor. O uno puede elegir sonreír, comenzar a escribir una historia nueva y proyectarse hacia un futuro maravilloso”. Laura de Brun, Fundación Elegí Sonreír

Lucía despertó y la habitación no podía parecerle más ajena. Llevaba varios meses ahí y los trámites para su salida de la casa de acogida no tenían fecha. Compartía aquel espacio con 7 adolescentes más, entre 12 y 17 años. El equipo técnico encargado del centro no solo debía lidiar con las consecuencias del abuso sexual sino también con el desarrollo de trastornos alimenticios, bipolaridad y cutting. A Lucía dentro de la casa no le faltaba nada. Había comida, había reglas, había profesoras particulares, había acompañamiento psicológico y había terapia. Había todo lo que Lucía ya había olvidado.

Su agresor, era su padrastro. Cuando Lucía decidió acabar con el silencio, rompió en llanto con su mamá y ésta le creyó. Pero el agresor, sustento económico para la familia de Lucía, decidió quitar su apoyo al sentirse ofendido por las calumnias que había recibido. Porque todo era un invento de Lucía, según él. Al poco tiempo, su mamá le comunicó que la retiraría del colegio porque no tenía dinero. Y es que, en parte, todos los problemas económicos que habían surgido eran consecuencia de Lucía y sus inventos. La vergüenza y la incomodidad de Lucía frente a las insinuaciones obscenas de su agresor tenían un precio insignificante para su mamá. Meses después, con tristeza y con el corazón hecho un nudo, Lucía debió incluso aceptar que su mamá testificara a favor de su agresor.

Contra todo pronóstico, Lucía recuerda los meses que pasó en la casa de acogida como una experiencia para crecer como persona y ser más fuerte frente a la adversidad. Recuerda con cariño a Ana, su única compañera durante el tiempo que estuvo en el centro. Ana estuvo a poco de regresar a su hogar porque aparentemente ya contaba con las condiciones necesarias para que pudiera volver. Sin embargo, el equipo técnico del centro descubrió que todo estaba siendo manipulado por su agresor, su padre. Ana sigue en el centro y planea quedarse hasta los 18 años, una vez que cuente con la mayoría de edad sería derivada a otro centro con el objetivo de prepararla profesionalmente y brindarle herramientas para poder valerse por ella misma. Lucía no puede terminar sus oraciones sin también pedir por Ana. Para que ella nunca pierda la fe en sí misma y logre vencer los obstáculos que se le presenten.

Hace pocos días, Lucía dejó el centro y se mudó a vivir con su papá, la esposa de su papá y sus hermanas. Dejó atrás los problemas del centro, las crisis de ansiedad de sus compañeras de habitación, los problemas de drogadicción que padecían, los conflictos y los traumas.

Hoy Lucía sonríe y repite como mantra una y otra vez “resiliencia Lucía, resiliencia”. Desde pequeña sueña con ser médica y cada vez tiene más fuerzas para cumplir su meta. Al preguntarle qué les diría a las niñas que están pasando por lo que ella ya pasó, se emociona, respira…

“Rompan el silencio, no teman a nada, Dios siempre está con nosotros. Sean valientes, esfuércense. Pese a todo lo que suceda hay que ver hacia adelante, nunca atrás.”

Lucía es como su nombre, luz y esperanza.

*En Ecuador, solo 15% de los abusos son denunciados y el 5% sancionado. Las cifras son alarmantes. Lucía (nombre protegido) no podría contar su historia, en parte, sin el apoyo de una voluntaria de la ONG Ecuador Dice No Más y su esposo. La pareja y Lucía asistían a la misma Iglesia.

IMG-1547

Escrito por:
Paula Lanata.
Politóloga en proceso. Creativa, pastelera y planner.

IMG-1547

Escrito por:
Paula Lanata.
Politóloga en proceso. Creativa, pastelera y planner.

Dejar un comentario