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Es poco común llamarle por su nombre. Más bien insólito. Por lo general, decimos: Okey, “Hablo sola”; “Hablo solo”.

Es poco común llamarle por su nombre. Más bien insólito. Por lo general, decimos: Okey, “Hablo sola”; “Hablo solo”. Lo cierto es que, hoy en día, es una cuestión que las sociedades en el mundo aún no trabajan, las universidades no incluyen en sus programas, las familias no registran y las personas –lo siento, hay que decirlo- no valoramos lo suficiente.

Hagamos memoria juntos: De pequeños, a todos y todas nos enseñaban a andar en bicicleta, ¿Cierto? ¿Quién no recuerda sus dolencias, sus caídas, sus temores primarios? ¿Esa posibilidad de acercanos a la libertad, al asfalto, a la potestad de frenar y acelerar a gusto? Un vuelo, un viaje de ida. Éramos tempranos, y los adultos nos explicaban modales. Conveniencias, modos de expresión, horarios para almorzar. Juegos de mesa, canciones. Qué quería decir la religión.

Pero faltó algo y se nos volvió en contra: nunca, jamás de los jamaces, se les ocurrió enseñarnos a hablar con nosotros mismos. Nos tocó hacerlo solos. Nos pasó. Un día simplemente nos dimos cuenta de que con el pensamiento nos decíamos alguna cosa. Tuvo que llegar la madurez -¿Llega, acaso, la madurez?- con la premisa de que esta era una cuestión…Normal.

Las humanidades, sin embargo, llaman a la recurrencia del diálogo interno por el nombre de Comunicación Intrapersonal.  Un tipo de comunicación que no solo es extraordinaria, sino que es además particularmente solitaria, peligrosamente individual. Parecería ser entonces que hay un gran sentido en pararse a mirarla; entendiendo que la calidad de esa comunicación tiene la capacidad de influir sobre nuestro estado de ánimo y –especialmente- sobre la transición de los acontecimientos de nuestra propia vida.

Con esto queremos decir que a través de este diálogo se abre la posibilidad de volvernos nuestros mejores amigos, así como nuestros peores enemigos. Sin ánimos de buscar controlar todo lo que ocurre, es fantástico comprender que podemos acompañar cada proceso para que sea lo mejor posible. Decirnos palabras alegres, de aceptación y de amor nos permite sentirnos más felices, nos impulsa,  vuelve cualquier experiencia diaria más sencilla de atravesar. Puede que no nos lo hayan enseñado, pero ahora ya lo sabemos. Y de lo que se sabe no hay retorno.

florencia-lauga

Escrito por:
Florencia Lauga
Argentina. Actriz, locutora y licenciada en ciencias de la comunicación.
Considera que salir del país de origen es uno de los mayores crecimientos posibles.

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Escrito por:
Florencia Lauga
Argentina. Actriz, locutora y licenciada en ciencias de la comunicación.
Considera que salir del país de origen es uno de los mayores crecimientos posibles.

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