Ojalaportada
Ojalá no volvamos a esa normalidad donde respirábamos pero no vivíamos.

Ojalá no volvamos a esa normalidad donde respirábamos pero no vivíamos. Esa normalidad desgastante donde te permitías salir con frecuencia tarde del trabajo y llegar en calidad de ‘paquete’ a casa para estrellarte con la almohada. Esa rutina donde era normal cancelar el café y esperar que la persona con la que habías quedado para un brunch se olvide del tema. Esa normalidad en los ambientes laborales donde para los jefes el home office era un pecado y ser flexible la última opción. Esa normalidad basada en consumo desmesurado donde el planeta veía la factura con la contaminación. Esa normalidad de amor y cariño por WhatsApp porque el tiempo en casa (sin celulares de por medio) era escaso. Que terror esos días donde dábamos por hecho que tendríamos tiempo para abrazarnos, besarnos y querernos sin restricciones.

Ojalá a esa ‘normalidad’ no regresemos más. Cuando veíamos en las noticias que cientos de vidas desaparecían al otro lado del océano, todo nos parecía una película donde difícilmente seríamos protagonistas. Y aquí estamos, con aproximadamente 30 días o más de aislamiento total. Cuando cerramos las puertas de nuestras casas u oficinas no imaginábamos hacia dónde caminaríamos los siguientes días. Despedimos como pudimos a tantos, nuestras prioridades dieron un giro de 180 grados y ahora lo único que pedimos es tener a todos los que amamos con salud.

Ojalá la vida pronto nos dé esa segunda oportunidad.
Esa nueva normalidad menos rutinaria y más disfrutada.
Con menos chats superfluos y más abrazos.
Sin metas de otros y luchando por sueños propios.
Contando menos calorías y más sonrisas.
Volviendo a nuestra esencia, a lo que nos mueve.
Riendo sin culpas y caminando en libertad.
Ojalá construyamos una nueva normalidad.
Una normalidad en la que ningún minuto se viva en vano.

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