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La historia de las niñas indígenas que viven sin espejos. ¿Y tú, cuántas veces al día ves tu reflejo?

En el baño, en el ascensor, en el ventanal de un edificio, en la cámara frontal del celular…. ¿Te has preguntado alguna vez, cuántas veces al día te miras al espejo? Quizás no lo notamos, pero a cualquier sitio que vayamos, así estemos apuradas, siempre encontramos el tiempo para comprobar si estamos bien maquilladas, si la blusa nos queda como debiera o para arreglar ese mechón que siempre nos falla.

Para algunas nos parecería imposible creer que una persona pueda pasar un día, una semana o un mes sin ver su reflejo. Pero el título de esta nota es sincero y real. Hace un mes viajé a la Amazonía, donde en medio del recorrido me topé con seis hermosas niñas kichwas, entre seis a diez años. Luego de una amena conversación les pregunté si tenían espejo en casa. “Ninguna”, me respondió la mayor. “Vemos nuestro reflejo solo en el río cuando nos bañamos antes de la escuela”.

Era un mundo sin espejos. Vestían sus trajes tradicionales como querían, caminaban sin zapatos sobre tierra y no les importaba si algo nos les combinara. Cada una era lo que creía ser o lo que le había dicho su madre que era.

En esta comunidad es donde nos deberíamos de sumergir para lograr lo que soñamos, pensé. Qué increíble sería si pensáramos como ellas. El saber lo únicas y lindas que somos sin ningún objeto de por medio. El dejar de ser tan duras con nuestra imagen y aprender a querernos, respetarnos y valorar cada parte del cuerpo.

De un lado, vivimos obsesionadas por nuestra imagen física, de tal modo que nos demoramos horas en vestirnos y maquillarnos. Por el otro, un espejo distorsionado por la construcción social de lo que significa “belleza”.

¿Podrías tener el valor de vivir un día sin mirarte al espejo? Un experimento donde cubras con una sábana todos los cristales que te rodean. Donde por primera vez te vistas en diez minutos, donde no te importara qué llevas puesto, ni estés tan pendiente de cómo te ves. Un día donde la prioridad sea la confianza personal en lugar de lo estético, y donde pudieras elegir a una persona en particular para confiarle cómo luces. Recuerda siempre “los espejos son solo vidrios, y tú eres más que eso”.

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Escrito por:
Ariana Arias.
Periodista por profesión. Fotógrafa por afición. Perfeccionista por obsesión. Cuestionadora compulsiva. 

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Escrito por:
Ariana Arias.
Periodista por profesión. Fotógrafa por afición. Perfeccionista por obsesión. Cuestionadora compulsiva. 

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