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¿Por qué un hombre se define como feminista?

Como hombre siento que aunque soy muy capaz de explicar el feminismo, no soy el más indicado. Es incómodo, como un rico explicando la pobreza o un blanco explicando el racismo. Sin embargo, hay algo que puedo hacer: explicar el feminismo a otros hombres.

Puedo explicar el proceso que te lleva de estar tibio y pensar que todo es exageración de “unas cuantas”, a darte cuenta del verdadero problema. Esto tal vez no sirva para los más convencidos líderes anti-feministas, que luchan con intensidad en redes por detener a aquellas que le quieren quitar la dignidad al “ser hombre”, a esas locas, desquiciadas, a esas —me atrevo a decirlo— feminazis.

Esto es para aquellos que no silban a las mujeres en la calle, que en general respetan y creen en el respeto, para los que no han presenciado actos de acoso pues ellos y sus amigos no los cometen. Entonces se les dificulta entender el porqué de tanta bulla, “seguro son casos aislados”, piensan, seguro no pasa tanto. Para ustedes amigos, que buscan sensatez, que creen en lo que ven, en números y estadísticas, les tengo algo invisible.

El punto ciego

Las mujeres experimentan acoso toda su vida, desde el momento en que llegan a la pubertad (y a veces antes) hasta que envejecen. Los hombres, por naturaleza somos incapaces de presenciar este acoso. Sí, claro, hemos visto hombres mirando con morbo a mujeres en la calle, hemos sido testigos de besos y silbidos no solicitados, pero para la gran mayoría de eventos no hemos estado presentes. No es que justo suceden cuando no estamos, es que nuestra presencia afecta la situación. Si estamos acompañando a una mujer, las probabilidades de que algo suceda, bajan considerablemente. Ante la presencia de otro hombre, el acosador callejero se retrae, se guarda sus opiniones y solo mira. Piensa ahora: ¿Cuántas veces una amiga te pidió que la acompañes al carro, a la tienda, o al colegio? ¿Crees que era por tu gran personalidad?

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No podrás ser testigo de la mayoría de situaciones de acoso para una mujer, porque no tienes que estar ahí para que sucedan. Por defecto, no puedes presenciar el acoso, está en tu punto ciego. Sucede, solo que no puedes verlo. Si crees en el aire y en la materia oscura, puedes creer en el acoso ¿no?

Un ejercicio de cercanía

En lo personal, notar el punto ciego no fue suficiente, algo más sucedió para hacerme entender la realidad invisible para mí. Es el ejercicio que te presento y que debes manejar con cuidado: habla con tu madre, tu novia, tu hermana y pregúntales cuándo fue la primera vez que las molestaron en la calle. Ahora, pregunta cuándo fue la última. Seguro la primera sucedió en su adolescencia y la última, recientemente. Pregunta esto a todas las mujeres de tu vida. A tu ex, a tu abuela, a tus tías, pregunta esto a toda mujer que has amado y empieza a escuchar.

Tal vez alguna confíe en ti una historia más profunda, tal vez alguna llore, tal vez otra no diga nada. Mira sus ojos y fíjate en lo que no puedes ver. Ponle cara a las víctimas.

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Es imposible que estés ahí como un amuleto anti-acoso para todas las mujeres: ellas saben defenderse sin problema con base en la experiencia. Pero puedes ayudar a cambiar el mundo, a educar a otros hombres, puedes no aportar a un mundo donde el acoso se normaliza y muchos lo ven como algo que no es para tanto. A ese intento de cambiar la cultura, lo llamamos feminismo.

Escrito por: Andrés Vera

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