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Rompe los mitos sobre lo que significa ser un "verdadero hombre”.

“Los hombres no lloran”.

Si eres un ser humano y vives en el planeta Tierra, lo más probable es que hayas escuchado (o incluso utilizado) alguna variante de esta frase.

Desde los comienzos de la raza humana, la masculinidad siempre se ha relacionado a la fuerza, la dominancia y la invulnerabilidad. Esto tenía sentido antes, cuando la función principal del hombre era la de proveer y proteger al resto de su tribu (léase: familia). Pero estamos en el siglo XXI, y lo más cercano que encontrarás a un tigre de dientes de sable, es una cajera cabreada en el super.

A pesar de esto, estas definiciones de masculinidad se han quedado en nuestra cultura, causando que la mujer, identificada con cualidades como la sensibilidad y el cuidado, sea vista como “el sexo débil”. De aquí viene que frases como “lloras como nena”, o “pegas como niña” sean utilizadas como insultos. Un hombre que llora sin esconderlo, es “poco masculino”. El que ayuda a hacer la cena y lavar los platos, es “mandarina”.

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Estas expresiones vienen de una época donde la mujer era vista como un ser inferior. Atribuirle a un hombre una característica femenina era insultarlo, denigrarlo. Pero el hecho que se utilicen hasta el día de hoy significa que esa mentalidad, esa imagen de la mujer débil e inútil, sigue vigente, aunque sea en nuestro lenguaje, aunque sea en nuestro subconsciente.

Durante el Super Bowl del 2015, salió una campaña llamada #LikeaGirl. Comienza mostrando tomas de hombres y mujeres enseñando a una persona detrás de cámara lo que significa pegar y correr “como niña”. Todos corrieron de forma ridícula, y pegaron de forma chueca y sin ganas. Pero al darle la misma directiva a un grupo de niñas de 10 años, ellas pegaron y corrieron con todas sus fuerzas. A una de las niñas le preguntaron “¿Qué significa para ti “correr como niña?”, a lo que ella contestó “Correr lo más rápido que pueda”.

Esta campaña tuvo como objetivo crear consciencia de cómo utilizamos estas frases como insulto, y el impacto que puede tener en el desarrollo de niñas jóvenes. Frases que sugieren que no son lo suficientemente fuertes, que son menos sólo por haber nacido con ovarios.

También tiene otro mensaje importante: que estos conceptos de masculinidad y feminidad tradicionales no son inherentes, sino aprendidos. Una de las cosas que ha traído la ola del feminismo es que hombres y mujeres puedan identificarse con valores antes asignados al sexo opuesto. Las mujeres han creado un lugar en la sociedad donde pueden ser ambiciosas, proveedoras y fuertes, sin dejar de ser femeninas. Este ejemplo ha llevado al hombre a cuestionar su rol en la sociedad, así como la definición de masculinidad.

Una de las mentiras más grandes del patriarcado es que esconder tus sentimientos es igual a fuerza. Que violencia es igual a hombría. Que portarse seco o indiferente es lo que las mujeres realmente quieren. Pero la violencia da miedo, y decirle a tu pareja que la quieres requiere mucha más valentía que quedarse callado.

Un “verdadero hombre” no es el que chupa cerveza y ve el partido mientras se tira pedos. Un verdadero hombre es alguien que ayuda en la casa cuando ve que su pareja está cansada, que dedica tiempo a sus hijos y no siente que se denigra al cambiarles los pañales o darles de comer porque sabe que eso significa demostrarles su amor.

Que entiende que los platos no se lavan solos. Que la ropa no la planchan los fantasmas, y a los hijos no los cría Mary Poppins. Que entiende que la familia se trata de trabajo en equipo. Que sabe que esconder las lágrimas o la risa no es sinónimo de fuerza.

El concepto del macho alfa ha quedado obsoleto, y ha llegado la era del nuevo modelo masculino. Es más, el hombre de hoy es más masculino porque abarca más responsabilidades, más características, de las que tenía antes. Los nuevos modelos masculinos y femeninos no se tratan de intercambiar roles, sino de expandir su función dentro de la sociedad. Con ellos nos encaminamos a un mundo más equitativo y más completo. A liberarnos de estereotipos y roles predeterminados, y a valorarnos a nosotros mismos y a los otros como ser humanos, no por su género.

Escrito por: Claudia Sensi Contugi.

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