portada (2)
Hay frases que a veces las repetimos por inercia o porque simplemente de tanto escucharlas creemos que son una realidad.

Hay frases que a veces las repetimos por inercia o porque simplemente de tanto escucharlas creemos que son una realidad. Normalizamos el hecho de ver a la otra como a una rival y desenfrenadamente repetimos ‘las peores enemigas de las mujeres son ellas mismas’. Sin analizarlo, sin caer en cuenta lo dañinas que pueden llegar a ser este tipo de aseveraciones, entramos en un círculo vicioso que no enseña a ser amiga de la otra sino a desconfiar o ponerle el pie en caso de ser necesario.

En este punto, también entra una necesidad de sincerarnos con nosotras mismas. La ligereza con la cual criticamos, ofendemos a la otra o sacamos conclusiones basadas en prejuicios tampoco aporta en algo a una convivencia más armónica. Si nos quitamos las máscaras y ahondamos en el asunto, fácilmente nos damos cuenta de cómo a veces las prácticas enemigas residen en nosotras mismas. La historia, por supuesto puede cambiar de rumbo si nos lo proponemos. Ya es tiempo de dejar en el pasado aquella errónea afirmación que promueve la enemistad entre nosotras.

¿Por qué no aprender a darnos la mano? Justamente ahora, en este momento histórico en el cual sin importar religión o postura política más de una ha pintado su lucha diaria de morado. Tenemos la capacidad de cambiar el sentido de las cosas y también la oportunidad de dejar a las niñas que vendrán una sociedad mucho más fraternal. Las amigas deben entenderse como una red de apoyo, porque eso es lo que realmente somos. Apropiémonos de la sororidad, si ya hasta la RAE la acepta ¿qué esperamos nosotras para ponerla en práctica? Somos hermanas con naturaleza solidaria y estamos aquí para generar los cambios sociales que tanto hemos anhelado.

Escrito por: Redacción Awake

Dejar un comentario

popup-frase
* Campos requeridos