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Dejemos de ser tan serias, ríete de ti, carcajéate de la vida. Recuerda que hasta tus peores días aportan algo positivo

Es lunes por la mañana. El despertador te grita al oído. Estás tarde. Y semidormida te preguntas ¿por qué es necesario que vayas a trabajar? Te cambias en un segundo, pero se te riega café en tu camisa blanca recién planchada.

Cada vez que nos pasa algo negativo, nos molesta algo, o tenemos “mala suerte”, como una llamada de atención de un cliente, una multa por exceso de velocidad, esa parte de tu cuerpo que no te satisface o ese alguien que te dijo que no te quiere, pensamos: “¿por qué a mí?”. Pero esta pregunta, aunque nos da razones, no brinda soluciones.

Es complejo de entender, pero nuestro pensamiento está contaminado por nuestro ego, y es preferible no pensar en el “¿por qué?”, sino en el “¿para qué?”. Aunque parecen iguales, tienen diferencias importantes, sobretodo a la hora de replantearnos nuestra vida y fijar nuestros objetivos.

Tomemos en cuenta que si nos pasan las cosas que nos ocurren es para que aprendamos de su consecuencia. La vida nos está regalando el aprendizaje que necesitamos.

Para respondernos el “¿por qué a mí?”, basta con mirar atrás y encontrar una infinidad de justificaciones, y es ahí cuando nos quedamos en la queja, atoradas en la victimización. Con esta pregunta no mejoramos, seguimos siendo las mismas.

Por ejemplo, ¿por qué trabajas? Porque necesitas el dinero para vivir, pagar tu arriendo, tu ropa, viajar… También puede ser porque te gusta. Pero se siente en la respuesta la obligación, la carga, la necesidad.

Ahora, analicemos la otra pregunta: ¿para qué trabajas? Para aprender, dar lo mejor de mí, lograr mis sueños, contribuir con otros. Esta interrogante mira el futuro, despierta el verdadero significado de lo que hacemos, lo que nos impulsa a seguir luchando desde el corazón.

Cambiar de pregunta cambiará tu actitud, para dejar a un lado una serie de costumbres que hacemos que nos tropecemos por la vida. El “¿para qué?” espera un propósito, una razón de ser. Es la gasolina que hace que te levantes ese lunes a las 7:30 am con conciencia, entusiasmo y pasión.

A mayor cantidad de pensamientos positivos, mayor bienestar emocional podremos alcanzar y aprendemos a ver cada situación desde una mejor perspectiva. Dejemos de ser tan serias, ríete de ti, carcajéate de la vida. Recuerda que hasta tus peores días aportan algo bueno.

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Escrito por:
Ariana Arias
Periodista por profesión. Columnista por afición. Cuestionadora compulsiva. Feminista. Imperfecta.

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Escrito por:
Ariana Arias
Periodista por profesión. Columnista por afición. Cuestionadora compulsiva. Feminista. Imperfecta.

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