portada
Dejemos de definir a los introvertidos como algo que no son.

Si eres introvertido seguramente has escuchado que eres awkward, geek, y que odias a la gente. Que eres el que se queda sentado en una esquina de la fiesta, esperando a que se acabe. Porque, por supuesto, los introvertidos son tímidos y aburridos.

Pongamos algo claro: introvertido no es tímido. Mucha gente confunde los dos porque gran parte de la gente tímida es introvertida. La timidez es el miedo a generar una opinión social negativa. En cambio, Karl Jung, el primero en identificar la introversión como un tipo de personalidad, definió a los introvertidos como personas que obtienen su energía de estar en solitud.

Susan Cain, autora del libro ‘Quiet: the Power of Introverts’, describe a los introvertidos como personas reflectivas, que prefieren escuchar y observar. Cuando hablan, es porque consideran que tienen algo importante que aportar, no simplemente por llenar el silencio. Se demoran en tomar decisiones y son muy cuidadosos al tomar riesgos. Trabajan mejor en ambientes silenciosos y con poca gente alrededor.

Pero, nos explica, el mundo de hoy está diseñado para personas extrovertidas. Desde nuestros sistemas de educación y trabajo, que enfatizan tareas en grupo y presentaciones orales, hasta en los libros de autoayuda, que te venden la idea de que para ser una mejor versión de ti, tienes que ser enérgico y carismático.

Para poder manejarse en este medio, muchos introvertidos se ven obligados a aprender a ser extrovertidos, es decir, se han adaptado. Pero, ¿por qué exigimos que las personas introvertidas cambien lo que son por naturaleza? ¿Por qué valoramos tanto la extroversión y vemos la introversión como un problema, algo que se debe corregir?

Antes, cuando las sociedades occidentales estaban basadas en la agricultura, predominaba la cultura del carácter, donde la seriedad y la disciplina eran el ideal. En el siglo 21, pasamos de la agricultura al comercio, y así mismo las personas migraron del campo a la ciudad. Con esta mudanza, se alejaron de las personas que conocían de toda la vida, y se vieron obligados a relacionarse con extraños. Sus empleadores no tenían idea de su moralidad o rectitud, tenían que demostrarlo. Entonces, tener una personalidad extrovertida y causar una buena impresión se volvieron esenciales para triunfar en este nuevo ambiente.

Esto nos lleva a hoy, donde hemos dejado la cultura del carácter para pasar a la cultura de la personalidad, que se enfoca más en como otros nos perciben. Hoy en día nuestro estatus social, salario y autoestima depende más que nunca de nuestra personalidad y de cómo nos mostramos ante los demás. Es más, cada vez más personas se identifican como ‘tímidas’ porque el ideal de extroversión es más alto.

Es importante identificar que los estereotipos a los que los introvertidos son sometidos hoy en día como ‘cerrados’, ‘antisociales’ o ‘inadaptados’, vienen de este fenómeno cultural. Los introvertidos bailan, se divierten, conversan activamente y son amigables. Pero llegan a un punto que necesitan estar solos para recargar sus energías. En su solitud, reflexionan. Son pensadores, no tímidos. Observadores, no antipáticos.

Si eres una persona extrovertida, la próxima vez que te venga una de estas palabras a la mente al conocer a alguien, deja a un lado el estereotipo y dale una oportunidad. Probablemente te sorprenderán.

Fuente:  ‘Quiet: the Power of Introverts in a World that Can’t Stop Talking’, por Susan Cain.

Escrito por: Claudia Sensi Contugi.

Pongamos algo claro: introvertido no es tímido.

Dejar un comentario