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¿Podemos ser espirituales sin ser parte de una religión?

Muchos de nosotros, crecimos ligando irremediablemente las ideas de religión y espiritualidad. Pero a lo largo de nuestras vidas, algunos de nosotros fuimos separándonos —por diversos motivos— de la idea de la religión. ¿Significa entonces que dejamos de ser espirituales? No necesariamente. Tal vez algunas personas que se separan de la religión, se alejan también de su espiritualidad. Pero es posible ser espiritual sin ser parte de o seguir una religión específica. (Y viceversa).

¿Cómo? Separando un poco los conceptos.

¿Qué entendemos entonces por religión? Se trata de una institución establecida por los hombres por diversas razones: desde inculcar un modelo de moralidad, hasta mantener en control a ciertos grupos sociales. Lo cierto es que hay que tener claro que las religiones son organizadas y estructuradas: dentro de ellas existen jerarquías, normas, símbolos y rituales.

Es ahí cuando nace una de las principales diferencias con la espiritualidad per se.

Si bien dentro de muchas religiones, se fomenta la espiritualidad, las religiones vienen acompañadas de muchas otras cosas. La espiritualidad es, entonces, una parte de la ecuación dentro de las instituciones religiosas.

Pero la espiritualidad no nace de la sociedad ni de un grupo de personas sino de uno mismo. Es decir, nace en una persona y se desarrolla en la persona.

Sea o no iniciada por una religión, la espiritualidad se extiende a todas las facetas de la vida de una persona. Pero también puede ser iniciada a partir de una revelación o de una experiencia personal.

La verdadera espiritualidad es algo que se encuentra en lo profundo de uno mismo. Tiene que ver con encontrar tu propia manera de amar, aceptar y relacionarte con el mundo y la gente que te rodea.

Pero así también podemos ser parte de una religión y conectarnos en otros nivel que nos llevan a desarrollar nuestra espiritualidad.

Algunos se sienten más cómodos con los modelos religiosos porque ponen ejemplos más claros sobre cómo vivir la vida. Otros, en cambio, nos sentimos mejor siendo solo espirituales sin atarnos a una religión, porque preferimos aprender de los errores propios. Ninguna de las dos cosas es mala o buena, simplemente se trata de encontrar lo que nos permita desarrollar lo mejor de nosotros y sentirnos más a gusto.

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