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Se acaba el año y cumplimos la mitad de lo que prometimos.

Se acaba el año y cumplimos la mitad de lo que prometimos. Sí, aunque sea difícil de aceptar e intentemos hacer como si no es nuestro caso. Porque en enero todos estamos bajo los efectos psicotrópicos de la Navidad y los buenos deseos. Porque en enero todavía faltan un par de chocolates o amigos secretos. Porque en enero todavía sentimos los juegos pirotécnicos y el vino correr por nuestra sangre. Y nos llenamos de metas que no vamos a cumplir. Y nos llenamos de sueños que muy posiblemente le pertenecen a terceros.

Tal vez, la raíz de esta cuestión puede centrarse en que todavía nos cuesta discernir entre el debo y el quiero. Debo terminar ese asunto, debo comprar aquella cosa, debo arreglarme con tal persona, debo regresar a la talla que tenía hace tres años. Debo, debo, debo. Básicamente, nos estamos limitando a hacer lo que otros quieren o lo que nosotros erróneamente creemos que deberíamos hacer. ¿Cómo nos damos cuenta? Porque cuando el año está por culminar, los debo siguen estando ahí mientras los quiero se multiplicaron.

El desafío radica en descubrir qué es lo que realmente queremos, no lo que otros dicen que deberíamos querer. Urge una motivación real que nos permita vivir a nuestra manera. Si vamos a hacer la nueva lista de propósitos para el 2019, antes preocupémonos por diferenciar entre el debo y el quiero. Darle más importancia al quiero no nos hace egoístas o inmaduros. Al contrario, nos permite vivir a plenitud, un privilegio que pocos disfrutan en la actualidad. En líneas generales, enfoquémonos en ser más conscientes, más resilientes y más felices. Aprendamos a diferenciar entre el debo y el quiero, el resto vendrá por añadidura.

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Escrito por:
Paula Lanata Cedeño.
Politóloga en proceso. Creativa, pastelera y planner.

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Escrito por:
Paula Lanata Cedeño.
Politóloga en proceso. Creativa, pastelera y planner.

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