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En algún punto nos dijeron, escuchamos o equivocadamente asumimos que las amistades ‘reales’ solo se conocían en el colegio.

En algún punto nos dijeron, escuchamos o equivocadamente asumimos que las amistades ‘reales’ solo se conocían en el colegio. Y fue así como entramos a nuevas etapas con escepticismo de conocer personas que puedan transformarse en una compañía positiva, desinteresada e incondicional. En el peor de los casos nos rehusábamos a salir de los círculos conocidos o de los grupos más compatibles. 

Quedarnos en la zona segura, con la gente que creemos será ‘para toda la vida’, puede privarnos de nuevas experiencias o emociones antes no experimentadas. Es que en realidad, hay un sinnúmero de sorpresas o regalos fuera de nuestro metro cuadrado que a veces pasan desapercibidas por nuestra posición de incredulidad. 

La vida es un conjunto de momentos fugaces que a veces nos tocan sin esperarlos, en intensidades distintas y con propósitos diversos. Y los amigos que tan bien nos hacen y que tantas endorfinas nos permiten liberar son dosis de felicidad que valen la pena ser celebrados. Las amistades llegan cuando deben llegar y no hay una fecha límite para aparecer. ¿Cuántas buenas amigas no hiciste en la universidad? ¿Cuántos coworkers no se convirtieron en tu nueva familia? 

Por esas amigas fit en vidas sedentarias.
Por esas amigas foodies en tiempos de fasting.
Por esas amigas frías en momentos de dramas.
Por esas amigas diversas, distintas y auténticas.
Por esas amigas que no son de toda la vida,
pero sí son de estar en todas.
¡Celebremos las nuevas amistades!

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