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¿Por qué esperamos a que sea Diciembre para ayudar?

Diciembre tiene un efecto de condicionamiento pavloviano, uno que nos han programado desde pequeños. Tienes que ayudar al prójimo, porque es Diciembre. Tienes que llevarte bien con tus compañeros, porque es Diciembre. ¡No te amargues, es Diciembre!

Este espíritu se extiende por todas partes. Las empresas dan panes de pascua, los colegios organizan fiestas para escuelitas fiscales, las universidades hacen colectas. Hasta las revistas de belleza dan su granito de arena, asegurándote que la generosidad es buena para el cutis.

Todo está muy bien, todo muy bonito. Pero, ¿y el resto del año?

Cuando damos el caramelito, nos sentimos bien y hasta nos damos palmaditas en la espalda porque ayudamos. Pero esa acción es por nosotros, no por ellos. Porque con un caramelo no resuelves una vida dura. Hoy, das un caramelo, una sonrisa. Pero esa sonrisa a veces viene con una promesa que no sabes que estás haciendo y que no estás preparado para cumplir.

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Esa necesidad la tenemos los 365 días del año. De hacer sonreír a tus seres queridos, de sentir que haces una diferencia para alguien. E incluso, por qué no, de darte esa palmadita en la espalda y decirte “que chévere que soy, ayudé”. Entonces, ¿por qué esperamos todo el año para actuar sobre ella?

No te confundas. Yo amo Diciembre. Yo nací en Diciembre. Amo esa aura mágica que hay alrededor del mes. La forma en que todo el mundo se emociona y quiere ver a todos sus amigos antes de que se acabe el año, como si después del 31 ya no habría chance. La alegría que ves en las calles, el espíritu de la gente ayudando, queriendo sacar una sonrisa a otros, aunque sean desconocidos.

Pero amaría aún más, que esa energía, esa emoción y alegría, estén presentes en los otros meses también. Ahora, sé que sonreír las 24 horas del día probablemente de dejaría con un calambre de quijada permanente. Pero podemos redistribuir esa energía. Podemos saciar nuestra sed de altruismo gota a gota, mes a mes, en vez de mandarnos los 2 litros mandatorios de una sola sentada.

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La caridad está disponible y a nuestro alcance. En cambio, el resto del año, la tenemos que buscar por nuestros propios medios. Nos cuesta tiempo, esfuerzo. Y eso la hace hasta más valiosa.

Escrito por: Claudia Sensi Contugi.

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