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Nuestros oídos se han acostumbrado a la idea del “amor incondicional”.

Nuestros oídos se han acostumbrado a la idea del “amor incondicional.” Unos lo buscan, otros creen sentirlo, y otros se lo declaran públicamente a sus parejas o amigos en redes sociales. Muchos incluso lo consideran un ideal. Pero al detenerme a pensar qué es lo que esta frase realmente implica, llegué a una conclusión agridulce.

El amor incondicional no existe, y si existiera, no sería tan romántico como parece.

Salvo probablemente una madre a sus hijos, nadie ama incondicionalmente a alguien desde el primer minuto. Sería absurdo. Esa persona no nos ha dado razones para hacerlo. La sensación de que la amamos incondicionalmente surge más tarde, cuando hemos tenido tiempo de notar que sus cualidades y hábitos nos hacen sentir felices, seguros, valorados, etc. Las razones que enumeramos cuando nos preguntan por qué queremos tanto a tal persona son, de cierta forma, y aunque suene más a negocio que a romance, condiciones. Y si estas se corrompen, el amor se acaba o disminuye. Todos lo hemos visto suceder.

Debo aclarar que creo absolutamente posible que un amor trascienda en pobreza y riqueza, salud y enfermedad, éxito y adversidad. Pero el título de “incondicional” no solo abarca los obstáculos externos que pueda enfrentar una relación. Siendo fieles a la definición del término, prometer amar incondicionalmente implica quedarnos con nuestra pareja sin importar lo deplorables que puedan llegar a ser sus acciones. Y así la volátil idea del amor incondicional pasa de ser un shot de dopamina a una pesada carga que nos impide abandonar relaciones que no nos convienen.

Por el contrario, si aceptamos que el amor es condicional, hay menos relaciones mediocres. Las personas valoran más a sus parejas y se esfuerzan a diario por enriquecer sus vidas porque saben que, caso contrario, las pueden perder. Y de repente el amor condicional, que parecía frío y parco, se vuelve mucho más bello y gratificante que el incondicional.

diana-illingworth

Escrito por:
Diana Illingworth.
Periodista. Apasionada por el lenguaje y la mente humana.
Amante de la fotografía, la música y el medio ambiente.
Cuestionadora a tiempo completo.

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Diana Illingworth.
Periodista. Apasionada por el lenguaje y la mente humana. Amante de la fotografía, la música y el medio ambiente. Cuestionadora a tiempo completo.

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