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Ser mujer no significa ser madre. Aunque la sociedad venda la maternidad como vital e irrenunciable...

Irene y Giannina juegan el fútbol sin cancha, sin auspiciantes, sin presupuesto. En otras palabras, así es el fútbol femenino en Ecuador. Irene Tobar (28) creció en una familia de futbolistas y por ende, el deporte nunca le resultó ajeno. Giannina Lattanzio (25) empezó a jugar con su hermano y a los 14 años entró en una escuela de fútbol para chicas. Desde adolescentes entendieron al fútbol como algo más que un deporte. Querían convertirse en profesionales aunque sabían que el camino estaría lleno de prejuicios y pocas oportunidades. Ambas son jugadoras de la Selección Femenina, debutaron en el Mundial de Canadá 2015 y en la actualidad buscan ofertas laborales para jugar en equipos extranjeros.

¿Recuerdan la historia de Glenda Morejón? ¿Recuerdan sus zapatos parchados? La Tri femenina cuenta con 22 jugadoras que, en su mayoría, pelean en las mismas condiciones. Para ellas, no hay vallas publicitarias, ni marcas que quieran auspiciarlas y tampoco premios. Cuando entrenan dentro del país no hay cobertura de viáticos; cuando juegan en el exterior ganan aproximadamente el 10% de lo que ganan sus pares masculinos. Cuando reclaman por un trato más igualitario solo se encuentran con negativas. Tampoco pueden salir de la Tri, pues es la única forma de ser vistas por dirigentes de otros países.

A la Tri femenina le exigen resultados inmediatos como si fuera una inversión de bienes raíces. Nadie se preocupa por gestionar becas, ayudas u otros beneficios. Las que juegan, juegan por amor a la camiseta y por abrir camino a las generaciones que vienen detrás. Pese a los insultos y los comentarios ofensivos cuando perdieron frente a Suiza 10-1, recuerdan el Mundial de Canadá como el momento más grato que se llevarán cuando se retiren de las canchas. Pasaron de jugar solo con las familias y amigos como espectadores; a gradas repletas y eufóricas como solemos ver en los mundiales masculinos.

Estamos a las puertas del Mundial de Rusia y aunque nuestro país no clasificó seguro veremos más de un partido. ¿Haremos lo mismo el siguiente mundial femenino? Si nos gusta el fútbol o si creemos en el poder femenino ¿por qué no creer en ellas? Está en nuestras manos hacer que las niñas que hoy sueñan con ser futbolistas, crezcan en un ambiente menos desigual y no cuelguen sus sueños por falta de oportunidades. No hace falta ser periodista, empresario o dirigente deportivo para contribuir a un fútbol femenino más esperanzador. El talento sobra y es inminente hacer del campeonato femenino un torneo más competitivo ¡eso piden las jugadoras!

Hoy tenemos una nueva causa en la cual pensar, aunque sería mejor que fuese un recordatorio y no una noticia nueva. Por las jugadoras de hoy y por las niñas que sueñan con un mañana de goles y mundiales.

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Escrito por:
Paula Lanata Cedeño.
Politóloga en proceso. Creativa, pastelera y planner.

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Escrito por:
Paula Lanata Cedeño.
Politóloga en proceso. Creativa, pastelera y planner.

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