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Queridas mujeres que están a punto de dar el ‘sí quiero’ o que planean hacerlo algún día, les quiero proponer algo.

Queridas mujeres que están a punto de dar el ‘sí quiero’ o que planean hacerlo algún día, les quiero proponer algo. Me imagino que cuando leyeron el título tuvieron algún pensamiento negativo, no las culpo, las capitulaciones matrimoniales –o lo que conocemos como “separación de bienes”- ha sido uno de los tantos temas tabú de nuestra sociedad. Está asociado con la idea de que estamos predisponiéndonos al fracaso matrimonial, al divorcio o incluso que es un mal augurio. ¿Cuántos mitos al respecto habrán?, asumo son incontables. Pero ya que estamos en el momento histórico de cuestionarnos todo lo que nos han impuesto como verdades absolutas, de eliminar prejuicios y estructuras caducas es hora de empezar a hablar de este tema. Ahora cuando nos jactamos de poder hablar de independencia financiera, de empoderamiento femenino, debemos considerar temas importantes de planificación patrimonial y financiera. 

Todas soñamos con un final feliz y no dudo que quien decide casarse lo haga con la intención de que sea para toda la vida. Sin embargo, pienso que es parte de ser un adulto responsable plantearnos la idea de que en caso de un divorcio o separación matrimonial, quisiéramos conservar aquellos que bienes que hemos adquirido con nuestro esfuerzo e incluso que son el fruto del esfuerzo de generaciones que nos anteceden. 

Recuerdo a mi profesor de derecho de familias, diciendo que la comunidad de bienes o denominada sociedad conyugal es como una aspiradora, que absorbe todos aquellos bienes muebles que hayamos obtenido antes de casarnos. Con bienes muebles no me refiero a los muebles de casa, sino a todos aquellos bienes patrimoniales no raíces, como los vehículos, las acciones de empresas, la maquinaria que hayan comprado para crear sus emprendimientos, las marcas, logos, patentes y aquellas ideas sujetas a derechos de propiedad intelectual, entre otros. Todo esto en el caso de no pactarlo antes entra a esa cuenta conjunta. Nuestro país tiene una estructura de empresa familiar, la cantidad de peleas familiares que ha habido por falta de este tipo de planificación son incontables. ¿Por qué no curarnos en sano y prevenir antes que lamentar? 

No quiero que me malinterpreten, la pareja que decide emprender en la aventura del matrimonio, debe aportar al mismo, debe contribuir con los frutos de su esfuerzo para así poder mutuamente sustentarse a sí mismos y a su nueva familia. Pero, si podemos hacerlo aún habiendo protegido nuestro emprendimiento, nuestra marca, nuestro negocio familiar  así como nuestro propio patrimonio y empezar ambos “de cero”, ¿no creen que sería mejor aún? Es solo una propuesta, que creo que todas debemos plantearnos para seguir forjando nuestra libertad, prosperidad e independencia económica. 

soledadpena

Escrito por:
Soledad Peña
Abogada y Master en Derecho Internacional de Empresas y Derecho Económico por la Universidad de Georgetown.

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Escrito por:
Soledad Peña
Abogada y Master en Derecho Internacional de Empresas y Derecho Económico por la Universidad de Georgetown.

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