El sexo no es un número
Cuando hablamos de sexo, lo único normal es que no hay normas.

Hace unos días, una amiga me contó de una conversación que había tenido con un grupo de colegas, todas mujeres. Entre chismes y chistes, surgió esta pregunta: ¿Con qué frecuencia tú y tu pareja tienen relaciones sexuales?

Las respuestas variaron desde “una vez a la semana”, hasta “mínimo una vez al día”. Es que en lo sexual, “lo normal” es un concepto difuso.

La frase “los seres humanos somos únicos e irrepetibles” guarda una gran verdad: todos somos diferentes. Y tal como somos diversos, aportamos parte de nuestra singularidad a nuestras relaciones, haciendo que cada una de ellas sea única.

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Además, como humanos, somos seres evolutivos. Esto no significa que venimos de un mono súper-desarrollado, sino que somos sistemas cambiantes: vamos creciendo y adaptando a las circunstancias.

Cuando nos juntamos en pareja, esta característica nos acompaña, por eso ninguna relación permanece estancada en el tiempo. Todos los que hemos tenido una relación amorosa podemos dar fe de este fenómeno: la dinámica de la relación varía de cuando teníamos una semana de enamorados, a unos meses de novios, y ni hablar después de varios años de matrimonio.

Lo mismo pasa con el sexo. Algunos disfrutan de ciertas prácticas o posiciones que otros no, ciertas personas buscan experimentar cosas nuevas luego de un tiempo en la relación, y otros prefieren ir back to basics.

El deseo y la respuesta sexual dependen de la personalidad de cada uno, de lo que cada uno de nosotros considere como excitante. Por eso, las bases del acto sexual varían de una pareja a otra, y según la etapa de su vida.

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Y como no hay reglas, no podemos juzgar las relaciones ajenas, ni ponernos parámetros externos para medir nuestra relación. Los estándares puestos por la sociedad no aplican a todos, los únicos que deben considerar con qué frecuencia tener relaciones sexuales son los dos involucrados. Cada pareja delimita sus propias condiciones.

Aquí lo importante es la compatibilidad sexual, para llegar a un acuerdo en el que ambos miembros se encuentren satisfechos.

Debemos darnos el tiempo de, como pareja, autoevaluarnos, preguntarnos si estamos felices y satisfechos con nuestra relación. Así, podemos darnos el espacio para crear nuevos compromisos, de ser necesario. Y en cambio, si todo marcha bien, permitirnos deshacernos de los estándares sociales que viven en nuestra cabeza. Nuestra cama es nuestra cancha y las reglas se deciden en pareja, no afuera.

Escrito por: María José Aragundi Giler.

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