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Cuando todos los días tienen el mismo color y la misma música, ya no los disfrutas sino que los soportas.

Cuando todos los días tienen el mismo color y la misma música, ya no los disfrutas sino que los soportas. 

Es verdad que hay días grises, pero no todos pueden ser así. Necesitas la energía del amarillo, la pasión del rojo, el ingenio del violeta, y como no, la tranquilidad del blanco. Combinar todos los colores, como si fuera una fiesta popular.

Lo mismo pasa con la música, escuchar el mismo disco aburre. No todos los días puedes escuchar soul y baladas, también necesitas la adrenalina del rock y el humor del merengue.

Detecta lo que te opaca y oscurece tu alma. Puede ser un trabajo, una pareja, un país, un apellido.

Valiente no es el que más soporta sino el que menos tolera el dolor.

Encamínate a un lugar que te permita florecer de mil colores, y no te sientas culpable porque las cosas no funcionaron antes, habrán más formas y mejores. Renunciar puede ser el camino al éxito y la felicidad que buscas, y quedarte solo ser un fracaso.

Es mucho más gratificante dar el paso que quedarte con el impulso. 

En el mundo hay muchas personas que hicieron lo mismo, como Bill Gates que renunció a sus estudios en Harvard o Steve Jobs a Reed College y ya todos sabemos lo que consiguieron, que el mundo los admire. 

El Internet está lleno de bloggers viajeros, que renunciaron a sus trabajos estables para conocer el mundo.

Cuando el corazón manda y no importa el dinero, se vale renunciar como la princesa Ayako, a sus 27 años renunció a sus derechos como parte de la realeza japonesa, para casarse con un plebeyo.

Puedes sumarte a una de estas tantas historias y sentirte orgulloso de haberlo logrado, o esperar a que las cosas cambien malgastando tu tiempo y energía.

Hay situaciones en que se vale renunciar.

La vida tiene más colores de los que has visto y más música de la que te ha tocado escuchar.

Escrito por: Diana Orbe

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