QUEMIERDAMIRAS-PORTADA
Besos, silbidos, acercamientos, miradas… qué difícil es ser mujer y caminar por la calle.

Besos, silbidos, acercamientos, miradas… qué difícil es ser mujer y caminar por la calle. No llevamos ni una cuadra y ya escuchamos comentarios como “¡hola guapa!”, “¡preciosa!”, o un “¿por qué tan sola?”.

Un bombardeo de piropos “inofensivos” que a algunas nos hace caminar más rápido, bajar la cabeza y fingir que no nos damos cuenta. Pero, ¿por qué, si no es culpa nuestra, sino de sus mentes?

Sabemos que pueden ser impulsos hormonales masculinos, pero al carajo la razón por la que lo hacen, no tienen por qué opinar sobre nuestro cuerpo y eso nos molesta, nos incomoda, nos hace sentir vulnerables, inseguras y nos recuerda que la calle aún no es nuestra.

Ya no más eso de amarrarse el suéter en la cintura, o cruzarse el bolso para que dejen de vernos, hay que aprender a enfrentarlos y sacar toda esa rabia contenida, para que esta situación no se siga normalizando.

Seguramente, toda mujer tiene una historia que contar sobre algún acoso callejero, seamos jóvenes, adultas, flacas o gordas, ninguna se salva. Y el momento es tan incómodo que, a veces, no se nos ocurre alguna respuesta adecuada.

Y aunque en alguna ocasión nos haya dado ganas de arrancarles los ojos, o de hacerles lo mismo, quedándonos en pausa, mirando su entrepierna, debemos ser valientes, acercarnos y decirle “¡deja de mirarme!”.

Aunque no podamos cambiar las intenciones humanas, sí podemos cambiar nuestras reacciones. Si nos sentimos morboseadas por un desconocido, mostremos que nos hemos dado cuenta, y muy cordial, preguntémosle,  ¿te ayudo en algo? O si nos hace sentir mejor,  digámosle lo incómodas que nos hace sentir y que por favor se detenga.

Hay que aprender a enfrentarlos. A mirar los ojos del agresor, serias, y no siendo la primera en mirar hacia el otro lado, hasta que se extrañe, sea consciente y nos deje en paz. Para que la próxima lo piense dos veces antes de volver a molestar a otra mujer solitaria.

O por qué no mejor reírnos un poco y dejarlos más boquiabiertos de lo que estaban con respuestas chistosas y cortantes. Si nos dicen “¡qué buen trasero!, ¿por qué no explicarles nuestros ejercicios para aumentar glúteos? O si un extraño nos grita “¡me gustas!”,  responderle a todo pulmón, “no eres mi tipo”.

No nos interesa la opinión de 10 hombres al día sobre nuestro cuerpo, lo único que queremos es que nos dejen caminar tranquilas.

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Escrito por:
Ariana Arias
Periodista por profesión. Columnista por afición. Cuestionadora compulsiva. Feminista. Imperfecta.

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Escrito por:
Ariana Arias
Periodista por profesión. Columnista por afición. Cuestionadora compulsiva. Feminista. Imperfecta.

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