AWAKE-NOSOYPERRO
¿Desde cuándo el acoso, la intimidación y la denigración son consideradas normales? O peor aún ¿propias de la sociedad en la que vivimos?

¿Desde cuándo el acoso, la intimidación y la denigración son consideradas normales? O peor aún ¿propias de la sociedad en la que vivimos? El reciente escándalo de Harvey Weinstein, magnate de la industria de Hollywood, regresa a la palestra un fenómeno que continúa afectando a millones de mujeres alrededor del mundo. No importa la clase social, el color de piel, la nacionalidad, o el lugar. Todas y cada de una de nosotras estuvimos, estamos y estaremos vulnerables frente a estas conductas que erradamente se toleran.

Angelina Jolie, Gwyneth Paltrow, Rosanna Arquette, Ashley Judd y la lista continúa. Un productor, cuyos masajes y citas de hotel, eran un secreto a voces. ¿La solución para no perder el papel? Pasar por alto, omitir, decir no sutilmente, callar, normalizarlo y si se puede, advertir a las que venían detrás. Como una especie de “guía” o “tip”, nunca como algo que debería ser expuesto y denunciado.

¿Un ejemplo más cercano y reciente? José Mayer, uno de los actores más queridos de Brasil, fue denunciado por asediar durante ocho meses a una joven encargada de vestuario. Mayer llegó incluso a tocar sus partes genitales sin su consentimiento. “¿Cuántas veces vamos a dejar pasar, avergonzadas y enojadas, esas acciones machistas, elitistas, sexistas y crueles?”, escribía Susllem Tonani, cuando venció sus miedos a través de un blog publicado en Folha de Sao Paulo.

¿Otro ejemplo más cercano todavía? Este año, una mujer viajaba con sus dos hijos pequeños en una línea de transporte público de Guayaquil. Un hombre se colocó detrás de ella y empezó a acosarla. Denunció el caso y el sospechoso fue apresado. Sofía, una mujer que regresaba de una cita médica, tomó un bus sin imaginar el momento que pasaría. Un hombre aprovechó que había mucha gente para manosearla, sacar su miembro y masturbarse. De repente, Sofía sintió que su vestido estaba sucio y sí, tenía semen. El acusado terminó en prisión preventiva.

Y mientras este tema se discutía, surgieron los casos personales y paradójicamente recientes. Casos como en una reunión de trabajo, interrumpir la presentación para decirte lo guapa que estás. O silbarte y caminar detrás de tuyo por aproximadamente una cuadra.

¿Qué se supone que debemos hacer? Denunciar, gritar, terminar estos episodios causando vergüenza en el otro. Como lo que realmente son. La guerra contra el acoso no admite brazos caídos o esfuerzos a medias. Es una lucha diaria, constante, que se nutre de ejemplo y educación.

 Educar… no a las niñas, chicas o mujeres sobre cómo vestirse o comportarse frente al sexo opuesto sino a los niños, jovenes y hombres sobre el respeto que se merece siempre una mujer.

Hay tanto que hacer y el primer paso es no callarnos más. Ni una omisión más, porque no es normal ni ahora ni nunca. El sexismo, el machismo, el acoso, la denigración, la intimidación no son justificables bajo ningún pretexto.

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Escrito por:
Paula Lanata.
Politóloga en proceso. Creativa, pastelera y planner.

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Escrito por:
Paula Lanata.
Politóloga en proceso. Creativa, pastelera y planner.

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