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Aunque nos encanta la maratón de festejos para reunirnos, en más de una ocasión hemos murmurado sobre lo difícil que es ahorrar dinero por esas eternas cuotas de $ 25.

Por supuesto que una boda es el gran día para los novios. Pero, ¿saben quiénes se merecen un aplauso después del vals? Los invitados. Para esas damas de honor que pagaron por un vestido que solo usarán por una noche, para esas mujeres que tuvieron cita de maquillaje y peinado desde la 13:00, para aquellos que atrasaron la fecha de un viaje, y para quienes (con mucho esfuerzo) descontaron de su fondos de emergencia para regalarles una tostadora.

Parece que cada vez más se añaden nuevos rituales: Fiesta de compromiso, kitchen shower (para los implementos de cocina), bridal shower o bachelor party (despedida de soltera), lingerie shower (para los regalos de lencería sexy), gender reveal party (reunión donde los padres se enteran del sexo de su bebé al reventar un globo), y ni hablar de la nueva tendencia: las fiestas de divorcios… ¿No nos estamos pasando de la raya?

Seamos sinceras. Aunque nos encanta tener este tipo de excusas para reunirnos y hacer Instagram Stories de lo bien que la pasamos entre las mesas de dulces, canapés y gin tonic, en más de una ocasión hemos murmurado sobre lo difícil que es ahorrar dinero por esas eternas cuotas de $ 25. Ahora, obsequiar un regalo, que debe ser de manera natural y de buena intención, se siente como una obligación.

Infinidad de eventos que además de una grave carga financiera, donde a veces provoca enviarle la factura a la novia, es un potencial emocional, pues hacemos lo que sea para estar impecables para la ocasión, pues primero muertas antes de ser criticadas por usar un vestido negro en el día. Porque ahora lo que en la invitación refleja un simple brunch, al llegar te das cuenta que es como ir a una noche de los Premios Óscar.

Entiendo que a todas les gustaría que su boda dure para siempre. También que se necesita el apoyo para comenzar una vida matrimonial, más aún cuando se espera un bebé. Sin embargo, si se cuenta con el presupuesto suficiente para invertir en toda esta maratón de festejos, sería conveniente, primero, conversar y comprender las limitaciones de los invitados. El aceptar que cada uno cumpla con lo que pueda, a su manera.

Aunque decirle adiós a la sobrecarga de celebraciones te suprimirá la oportunidad de tener nuevos juegos de sábanas o esa máquina de capuchino que tanto querías, no te imaginas el peso que le quitarás a tus amigos más cercanos. Pues es en ellos en los que más piensas durante las fases de planificación, ¿o no?

Ahora me pregunto qué estarán pensando mis amigas casadas al leer esta nota. No me odien, nadie nos quita lo bailado.

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Escrito por:
Ariana Arias.
Periodista por profesión. Fotógrafa por afición. Perfeccionista por obsesión. Cuestionadora compulsiva. 

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Escrito por:
Ariana Arias.
Periodista por profesión. Fotógrafa por afición. Perfeccionista por obsesión. Cuestionadora compulsiva. 

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