AWAKE-DORMI-CON-MI-NOVIO- (1)
Ay padres, les debemos tanto a ellos. Pero es difícil no acordarse que, en algún momento de nuestras vidas, les hemos mentido.

Ay padres, les debemos tanto a ellos. Pero es difícil no acordarse que, en algún momento de nuestras vidas, les hemos mentido, sobretodo cuando se trata de: a dónde vamos, qué estamos haciendo, a qué hora llegamos y con quién salimos.

Mentiras no tan grandes que las hemos dicho durante años de adolescentes, para evitar que establezcan reglas que no queríamos que controlen, o para sentirnos libres, sin supervisión paterna.

Sin embargo, son inventos que ya no podemos dejar de decir, y se han vuelto una costumbre cuando de pasar una noche con un chico se trata. Mentiras tan simples como “me voy a la playa en grupo”, “llegaré a un cuarto solo de mujeres”, o “me quedaré en casa de Ana”.

¿Es en serio que nos siguen creyendo todo lo que les decimos? ¿Por qué seguir mintiendo sobre esto? Ya no somos quinceañeras. Es hora de tener conversaciones sobre sexo, aunque no lo acepten con naturalidad.

Sabemos que cada reacción de un padre al hablar de sexo es diferente. Algunos se autoengañan, prefieren no preguntar, y pretenden que, si no tocan el tema, entonces no pasa. Hay otros, los más conservadores, que lo viven como una falta de respeto. Pero en general, en esta sociedad, el sexo es un tabú y las familias lo ven como el peor fantasma.

Es por esto que hacemos de todo para que no se den cuenta de nuestras aventuras. “¿Hija, a dónde vas?”, nos pregunta nuestra madre un viernes por la noche, mientras corremos a la puerta principal con una prenda sexy escondida en la cartera.

Pero son este tipo de mentiras que ayudan a construir una sociedad de mentalidad cerrada e hipócrita, porque les seguimos el juego de que “no hacemos nada”, pero cuando salimos con nuestro novio sabemos que no es para jugar ajedrez.

Hay que educar a nuestros padres. Y en vez de enviarles un selfie en pijama con nuestra amiga para que piensen que dormiremos en un cuarto de “solo mujeres”, deberíamos dejar de temerles a estas conversaciones y decirles las cosas como son, sin vergüenza.

Si quieres hacer algo, tienes confianza en ti misma y sabes que no está mal, hazlo abiertamente y cuéntaselos. Probablemente somos bastante predecibles, y no es necesario insistir en los detalles.

Aunque no nos sintamos culpables por mentirles, con tal de evitarnos una discusión, restar los gritos hasta los vecinos de nuestra mamá, y evitar que papá nos quiera encerrar y los amenace a todos con sacar una escopeta, decir la verdad es la base de la comunicación con nuestros padres, porque es ahí cuando se crea una relación del todo abierta y confiable, incluso si no están de acuerdo con lo que hacemos.

Dejemos que el tema de la sexualidad se trate como una película prohibitiva y de terror. Ya es hora que en vez de dejarnos castigar o juzgar, nos apoyemos y resolvamos nuestras dudas en ellos. Si no lo hacemos ahora, quizás se nos haga difícil aplicarlo a nuestros hijos.

Si bien, a veces pueden ser molestos y parecen no tener idea del siglo XXI, recordemos que ellos también fueron de nuestra edad, y que es probable que hayan hecho cosas que es mejor ni imaginarnos… y quien sabe, hasta nos podrían sorprender.

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Escrito por:
Ariana Arias
Periodista por profesión. Columnista por afición. Cuestionadora compulsiva. Feminista. Imperfecta.

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