lavadito
Basta abrir una revista o un periódico los domingos para encontrarnos con el clasismo desde la portada.

Basta abrir una revista o un periódico los domingos para encontrarnos con el clasismo desde la portada. Imposible hablar de clasismo sin reconocer que es el reflejo de una sociedad que irradia tendencias racistas. Publicidad de ropa con niños rubios, cuando mayormente son consumidas por sectores populares. Anuncios de trabajo con requisito de ‘buena presencia’. Ni qué hablar de la calle, cuando adjetivos como cholo o indígena son recitados a la ligera con el propósito de denigrar a otro. En líneas generales, Ecuador es un país clasista al que le cuesta aceptar su realidad.

Somos la región más desigual del planeta y compartimos el ‘honor’ con el resto de países de América Latina y el Caribe. Solo por citar el ejemplo de México, en 2017 el Instituto Nacional de Estadística y Geografía elaboró un estudio socioeconómico que dejó a más de uno perplejo. Sí, paradójicamente perplejos porque el clasismo y el racismo son secretos a voces.

¿Crees que tu color de piel influye en el trabajo o el nivel de escolaridad que alcanzas? En México, sí. De las personas con tonalidad de piel más oscura, solo el 4% alcanza estudios universitarios. A diferencia del 28% de las personas con piel más clara.

“Mientras más oscuro es el color de piel, los porcentajes de personas ocupadas en actividades de mayor calificación se reducen. Cuando los tonos de piel se vuelven más claros, los porcentajes de ocupados en actividades de media y alta calificación se incrementan”

INEGI

Probablemente pienses que es México y aquí eso no ocurre. ¿No? Basta recordar el caso de Marclub S.A. en Punta Blanca, que pedía a sus socios que los empleados domésticos no hicieran uso de las instalaciones y, en caso de ser posible, ¡usen uniforme para poder ser identificados! Todos sabemos que no hace falta data para reconocer que el clasismo y el racismo son males que siguen vigentes en las nuevas generaciones.

No vivimos en un apartheid pero la discriminación está a la luz del día. Basta con negarles la entrada a algún sitio por su aspecto, basta con tener una vajilla especial para las nanas, basta con pensar que un director es un empleado de rango menor solo por su color de piel.

Ojalá pronto dejemos la obsesión con todo lo relacionado a lo blanco. Que dejemos de llamar a los niños ‘lavaditos’ cuando en realidad son mestizos. La discriminación por color de piel o condición socioeconómica van de la mano y hacer de la vista gorda no nos quitará responsabilidad. ¿Nos atrevemos a hacer un cambio?

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Escrito por:
Paula Lanata Cedeño.
Politóloga en proceso. Creativa, pastelera y planner.

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Escrito por:
Paula Lanata Cedeño.
Politóloga en proceso. Creativa, pastelera y planner.

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