Portada
¿Qué discurso hay detrás de las piernas de la reina del pop?

No. Más bien es su postura. Es la forma en cómo separa cadenciosamente las piernas cuando va a hablar frente a alguien, como cuando dio su discurso de aceptación a Mejor Mujer del Año en la última entrega de los premios Billboard. Al inicio, las tenía juntas, ligeramente apartadas la una de la otra, tímidas, acaso clausuradas. Esa es la manera, al menos la que comúnmente hemos visto cuando una mujer se sienta o se para. Luego, de apoco, Madonna las abrió con una precisión de relojero: a 10°, a 20°, a 30°. No paraba, y siguió así hasta parecerse a un compás metálico abierto a 45°. En esa postura, que ella la ha replicado en conciertos y otras presentaciones a lo largo de toda su carrera, hay un discurso, un alegato que bien podría ser leído como feminista.

 “Es mejor de esta manera: siempre me siento bien con algo duro entre las piernas”, dijo tras un prologando suspiro, con un alivio que disfrazaba una ironía, y así se mantuvo durante los casi diez minutos que duró su intervención. Tener abiertas las piernas implicaba apropiarse de una postura que ha sido exclusiva para ciertos cuerpos, sobre todo masculinos. Implicaba, también, confrontar el manual de conducta con el que crecen las mujeres, desde niñas: “Siéntate como una señorita”. “Estás mostrándolo todo”. “Cruza bien las piernas” “Hazte respetar”. Las piernas abiertas de Madonna rompían ese violento disciplinamiento corporal que las obligaba a tener una actitud recatada, infantil con el resto. Y hay más. Madonna hacía pública una postura que, en el caso de las mujeres, siempre ha sido privada. Ya saben: “abre bien las piernas para…”.   

Pero las piernas de Madonna también fueron la antesala para escuchar uno de los discursos más movilizadores en la escena del pop contemporáneo. Arrancó su intervención con una firmeza matizada por la ternura de sus ojos: “Gracias por reconocer mi habilidad para continuar mi carrera por 34 años ante el sexismo y la misoginia flagrantes, y la intimidación constante y el abuso implacable”.

Madonna se refirió a sus momentos de fortaleza y de vulnerabilidad, que casi siempre iban de la mano. Habló en plural para no agotarse en ella, para recordar que Nueva York en los años ochenta era una ciudad aterradora para todos: vivió en medio de armas empuñadas contra su cabeza; vio cómo sus amigos murieron a causa del sida; reflexionó sobre lo que implica trabajar en un medio en el que los hombres tienen ventaja.

Cuando publicó el álbum Erotica y el libro Sex, en los titulares de prensa llegaron a compararla con Satanás. Pero, “¿acaso no estaba Prince por ahí con medias de rejilla, tacones, lápiz de labios y enseñando el culo? Sí, sí estaba. Fue entonces cuando entendí que las mujeres no tienen tanta libertad como los hombres”, dijo con determinación.

quotecompu
Quotemovil1

En los noventa, y hasta ahora, a Madonna la han criticado por provocar un retroceso en el movimiento de las mujeres, por convertirlas en “objetos”. Ante esas acusaciones, ella respondió: “Bueno, soy un tipo de feminista diferente, soy una mala feminista”, siguiendo a Roxane Gay. Pero Madonna nunca se ha sentido sola.

Insegura sí, pero no sola. Ha sabido refugiarse en la grandeza de otras personas como Debbie Harry, Aretha Franklin, ChrissieHynde, James Baldwin, Nina Simone o David Bowie para resistir. “Lo más controversial que he hecho es mantenerme”, dijo. Y, quizá, lo más movilizador de su último discurso fue haberse referido a un concepto que ha sido prejuiciado por muchos, la sororidad, al que se refirió sin nombrarlo, con fuerza: “Como mujeres tenemos que empezar a apreciarnos a nosotras mismas y la valía de las demás. Aliarnos con otras mujeres fuertes y buscar mujeres de las que aprender, con las que colaborar, de las que inspirarnos e iluminarnos. La solidaridad verdadera entre mujeres es un poder en sí mismo”.  

Escrito por: Fausto Rivera Yánez

Dejar un comentario