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Me atrevo a decir que las mujeres de mi edad, en su mayoría, crecieron en un hogar donde la heteronorma reinaba.

Me atrevo a decir que las mujeres de mi edad, en su mayoría, crecieron en un hogar donde la heteronorma reinaba. Hogares (espero) llenos de mucho amor, pero donde  a las niñas las vestían de rosado y a los niños de azul; donde las niñas jugaban con Barbies y los niños con carritos; donde a las niñas se les decía que debían sentarse con las piernitas juntas, como todas unas damitas y a los niños ni se les tocaba el tema; hogares donde desde pequeñas se nos exponían los terrores que nos podrían ocurrir si nos aventurábamos solas al mundo.

Cuando de acoso y abuso sexual se trata, también en casa se nos programó: las niñas debían escuchar el sermón de las mamás que rezaba que es mejor evitar que lamentar, que una faldita pequeña puede ser un problema, que un escote excesivo podría cambiarnos drásticamente la vida. Se nos enseñó a tener miedo y evitar. ¿Y a los hombres? ¿Qué se les decía a los hombres?

En los mejores hogares, el discurso para ellos ha sido siempre el de respetar a las mujeres, de respetar los límites, de respetar los “no”; pero el chistecito constante del machismo como poder, como fuerza única indestructible, debilita esas creencias en una sociedad que prefiere echarle la culpa al largo de una falda que a la falta de respeto y límites del atacante.

Estas historias que escuchamos una y otra vez mientras crecíamos nos formaron y crearon en nosotras escudos que construimos como la “norma”, detrás de los cuales nos ocultamos, abrazando las limitaciones del lado del miedo.

Pero el mundo está cambiando. El mundo, y con él la sociedad, ha despertado de golpe tras alarmantes cifras de denuncias de acoso y abuso sexual que se han hecho virales en la web.

Hablamos de casos tan mediáticos y polémicos que uno de los grandes magnates de la industria del entretenimiento ha caído de su torre por las denuncias de decenas de mujeres que lo señalan como todo un depredador sexual. Y así, decenas de otros victimarios han sido nombrados en tv, periódicos, revistas y medios digitales, donde la acusación no se hacía esperar y la aceptación de la terrible conducta tampoco. Y estos son solo los casos famosos. ¿Imaginan la cantidad de casos que terminan silenciados?

Hoy día, mi generación tiene varios retos que hemos ido encarando, llenitas de miedo pero haciéndolo igual: somos mujeres que viajamos solas (y seguimos enfrentándonos a los terrores que eso significa); somos mujeres que vestimos como queremos, importándonos poco la heteronorma de rosados o azules; somos mujeres que decimos lo que pensamos en el terreno laboral y hacemos escuchar nuestras voces con sensatez y determinación; somos mujeres que deseamos tomar control de nuestro cuerpo al 100% y luchamos activamente por eso; pero sobre todo, somos mujeres que hemos aprendido a decir “No”; un gran no a los abusos soportados en argumentos de género.

El pasado perteneció a la tradición de la timidez ahogada en el miedo. El presente es un espacio perfecto para el encarar miedos; trazar nuevos caminos de comunicación y denuncia; empoderarnos más sobre nuestro cuerpo y hacernos respetar.

La igualdad comienza hoy.

Escrito por:
Valentina Prieto

Escrito por:
Valentina Prieto

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