Unión libre
¿Por qué vivir juntos antes de casarse es una alternativa saludable?

En 2013, llevaba una relación de poco más de un año con mi entonces novio. Las noches se hacían cada vez más cortas para hacer todo lo que queríamos. No solo en el ámbito sexual, sino desde ver películas o cocinar juntos, hasta el pequeño romanticismo de compartir la cama y levantarnos uno al lado del otro. Vivir juntos se volvió algo urgente para ambos.

Teníamos dos opciones: casarnos o vivir juntos un tiempo antes de dar el gran paso. Saltar al matrimonio tan pronto parecía una locura aunque estábamos seguros de que queríamos hacerlo. Pero la urgencia de convivir era enorme (y casarse es un trámite).

Así que optamos por la segunda alternativa. Al regreso de un viaje de Galápagos encontramos un hermoso y pequeñísimo departamento. Nos enamoramos de ese huequito tanto como estábamos el uno del otro. Le contamos a nuestros padres. Hubo drama, gritos, llanto, mensajes de texto. Pero lo logramos. Adoptamos una gatita y vivimos intensos 10 meses de amor y peleas en la convivencia. Fueron días de redescubrirnos, de enfrentarnos a nuevas capas de nosotros y de nuestra relación, pero para reafirmar que éramos un hogar.

Durante esta etapa recibí decenas de comentarios. “Qué envidia, me encantaría vivir con mi novio, pero jamás me dejarían”. “Mis papás me matan si hago eso”. “Yo quería hacer lo mismo que tú pero preferí casarme para evitar el drama”. “Mi religión no acepta eso que tú estás haciendo”.

Finalmente, nos casamos. En octubre próximo, vamos a cumplir tres años de ser esposos.

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A nosotros nos costó lidiar con muchos comentarios de nuestro círculo más cercano. Pero no me arrepiento de nada. Incluso, aunque las cosas hubieran resultado diferentes y hubiéramos encontrado caos en nuestra convivencia, sé que la decisión fue la mejor.

La convivencia, abarraganamiento, unión libre,  compartir el mismo techo sin casarse o vivir en pecado mortal (llámele como guste) tiene un montón de ventajas. Es, en palabras de una amiga, un ensayo general antes de la gran función. Te permite saber si estás o no listo para ese gran día.

La unión libre te abre las puertas a conocer mejor a una persona. Y, aunque se trata también de un compromiso, no es el mismo nivel de compromiso que implica un matrimonio. Si sale mal, siempre puedes terminar las cosas con mayor rapidez, facilidad y menos trámites (y dinero) que un matrimonio.

Y si las cosas salen bien, tienes la tranquilidad de que estás dando un paso adelante con una persona a la que ya le has sacado una capa más y quieres continuar conociendo.

Si tu pensamiento es más tradicional, perfecto. Casarse sin vivir juntos no está mal. Pero ahora, podrás entender (sin juzgar) a las personas que deciden lanzarse a esta aventura.

 Escrito por: Thalíe Ponce.

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