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Llegamos al mundo y en la puerta del cuarto de la clínica se pone un lindo globito que anuncia a todos cómo son tus partes íntimas.

Llegamos al mundo y en la puerta del cuarto de la clínica se pone un lindo globito que anuncia a todos cómo son tus partes íntimas. El globito es lindo y rosado para las niñas y lindo y celeste para los niños. Y desde ese día, pobre del artista que se le ocurra escoger el color “equivocado”.

Salimos de la clínica y comienzan los regalos extraños. Si tu globito fue celeste, te chantan la chambrita que le combine y aparecen los camiones, pelotas y dinosaurios en tu cuarto. A ti no te gusta ninguno de ellos, pero empiezas a darte cuenta desde temprano, que los demás esperan que juegues y la presión se acrecienta por terror a decepcionar los sueños de otros.

Si tu globito fue rosado, tu mundo de ahora en adelante será –sin excepción posible- de ese color. Los mismos extraños llegan a tu casa con un muñeco que llora y hace caca, te dicen que lo críes y lo cuides y tu piensas: WTF y ahora qué hago, aún no me puedo limpiar yo y ahora me toca cuidar este muchacho.

Pasa un tiempo y empiezas a ¨portarte mal¨. Te sientes triste y lloras; pero viene la policía que hay en la casa y te dice que los niños no hacen eso. ¿ Cómo que no lo hacen si lo estoy haciendo? Si eres globito rosado, te sientas con tu papá a ver tele y hay 22 personas pateando la pelota que nunca te compraron. Lo escuchas decir ¨pateas como niña¨ y no entiendes a qué se refiere, puesto que tú pateas largo mejor que ese señor.

Años después empiezas a cuestionar menos las frases ¨manejas como mujer¨, ¨peleas como mujer¨ y ¨pórtate como hombre¨. De poco a poco estas cosas que los más grandes decían y te extrañaban se fueron asentando.  Hoy quieres escoger qué hacer con tu vida y tienes bien claro que hay cosas que son de niños y cosas que son de niñas, estas ya no son la pelota o la muñeca; sino lo que quieres hacer el resto de tus días.

Si soñaste con lanzarte al estrellato a lo Billy Elliot, ya entendiste que eso hasta en el cine se ve raro. Si quisiste ser ingeniera agrónoma, ya debes estar consciente de que en el campo ninguno de los que trabajan se pone tacos. Ha quedado claro cómo hay que vivir en nuestro espacio. El mundo está dividido en aquello que reconocemos como masculino y femenino. Los niños que tuvieron la pelota de pequeños terminan por enloquecer viendo partido tras partido y las niñas a las que les endosaron el Ciccio Bello, saben que lo que se espera de ellas es que al muñeco le hagan la de Pinocchio y lo conviertan en niño de verdad, que tengan unos cuatro o los que Dios les diga y se dediquen a lo que ¨les es natural¨, ser mamá.

Y no es que alguna de esas opciones esté mal. El problema está en concebir al mundo bajo solo esas dos alternativas y pensar que son naturales a nosotros. Hay que cerrar los ojos y tratar de recordar el mundo cuando aún no entendíamos las diferencias entre ser niño y niña. Diferencias que no lográbamos entender, no por ser chiquitos, si no porque no existían.

Escrito por: José Miguel Campi.

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