Publicidad en otra talla
¿Por qué los anuncios de algunas marcas no nos representan?

A inicios de marzo, Zara prendió en fuego las redes sociales. El fósforo: un anuncio con la leyenda ‘Love your curves’ acompañado por dos modelos súper delgadas. La reina del fast fashion fue acusada de irónica, estúpida, ciega. Yo la acuso de dañina.

Zara se burló —con o sin intención— de una lucha que ha tomado años. La palabra ‘curvas’ se ha ido asociando a cuerpos femeninos alejados del estándar de delgadez impuesto por la industria de la belleza.

Mientras Ashley Graham, Lena Dunham, Bo Stanley y otras mujeres se esfuerzan por hacernos amar nuestras pistolas, caderas, muslos y pechos naturales; Zara nos dice que las curvas están en dos chicas talla 0.

Esto no significa que ellas no sean reales, sino que no representan un movimiento con el que la marca favorita de muchas está tratando de asociarlas.

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Las chicas del anuncio están lindas y probablemente ellas no tengan la culpa. El problema es que solo esa clase de mujeres suele tener espacio en la publicidad, haciéndonos creer que hay algo mal en las que no lucimos así.

Muchas marcas están utilizando incorrectamente su voz. Su objetivo son las ventas, sí, pero ¿no venderían más si nos hicieran sentir empoderadas, fuertes y hermosas en lugar de llevarnos a odiar lo que vemos en el espejo?
Somos esclavas de una industria que nos dice cómo tenemos que ser y cuándo tenemos que serlo.

El ejemplo de Zara es uno en un millón.
Nos impactamos cuando vemos anuncios antiguos en los que la mujer es cosificada pero no nos sorprende ver cómo las marcas tratan de meternos en la cabeza un ideal de mujer que, a veces, no existe.

Las pecas del abdomen de Gigi Hadid han sido photoshopeadas miles de veces porque los anunciantes creen que “se ven feas”. En 2013 el rostro de Beyoncé fue “arreglado” para una campaña de labiales L’oreal y las fotos originales salieron a la luz (el internet) años después, desatando la polémica.

Las marcas adelgazan, estiran, quitan, cortan, acuchillan la imagen. Todo el tiempo. Censuran cuerpos que no son “lo suficientemente lindos” o que tienen algo demás para ellas.

En 2004, Dove le dio una cachetada a la industria. Un golpe para la publicidad facilista pero un regalo para nosotras las consumidoras: la Campaña de Dove por la Belleza Real. De ahí nacieron los Dove Beauty Sketches, una propuesta que Katy Young describió en The Telegraph como “conmovedora, que abre ojos (…) que te hará pensar y, ojalá, te hará sentir más hermosa”.

Los esfuerzos han ido creciendo desde entonces, con iniciativas como Like a Girl de Always o #BetterForIt, de Nike. Estas marcas han demostrado que es posible crear anuncios que empoderen y que ese sentimiento se traduzca en números.

Pero necesitamos más. Mientras existan publicidades como la de Zara, tenemos que seguir cuestionando, criticando y dando nuestra opinión. Tenemos derecho a ser representadas en nuestra diversidad. Derecho a, como consumidoras, demandar que las marcas sean no solo inclusivas, sino realistas y sobre todo, que nos hagan sentir bien.

Escrito por: Thalíe Ponce

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