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¿Qué podemos aprender de una mujer que no quiere ser mamá?

Mi mejor amiga del colegio estudia enfermería y obstetricia, y durante mucho tiempo le ha emocionado la posibilidad de traer a mis hijos al mundo. Pero la idea de ser madre me dejó de ser atractiva incluso antes de entrar en la edad adulta. A pesar de que le he dicho esto muchas veces, ella siempre responde con las frases habituales: “pero serías una gran madre”, “cambiarás de opinión cuando seas mayor”, “no te preocuparán esas cosas cuando tengas hijos”. Y yo, sin querer hacer añicos sus sueños, sólo sonrío y asiento con la cabeza, pensando que para cuando seamos ancianas, se habrá dado cuenta.

Se está volviendo cada vez más común que las mujeres jóvenes opten por no tener hijos. Esta decisión se debe a una gran variedad de razones, desde que no nos gusten los niños, a no querer comprometer nuestras carreras. Estas razones, y muchas otras, son válidas, pero una gran parte de la sociedad sigue pensando que vamos cambiar de opinión o que somos egoístas.

He conversado de este tema con otras mujeres, algunas de las cuales han tomado una decisión similar y otras que no, pero respetan mi elección. Escuchar lo que otras mujeres dicen y saber que no estoy sola en esta decisión poco convencional, me ha dado más confianza al tratar de discutirlo con gente nueva o con personas que quieren desafiarme.

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Esta conversación no debe ser sobre por qué no quiero hijos. La maternidad gira alrededor de las ocurrencias hacia y dentro del cuerpo de una mujer, y se espera que sea ella quien asuma la responsabilidad por el niño durante muchos años. Esta conversación es sobre el consentimiento.

Gracias al pensamiento patriarcal, todavía existe, en nuestra cultura y en nuestros subconscientes, la mentalidad que el rol de la mujer es producir y criar hijos. La presión social de tener hijos proviene tanto de mujeres como de los hombres. Porque creen que al no tener hijos, estamos perdiendo un rito de pasaje, que nuestra experiencia de mujer es incompleta o inválida, y que nuestras vidas estarán vacías.

Estas actitudes expresan en declaraciones como “¿Cuándo vas a tener hijos?”, y “¿No estás emocionada de ser mamá?”. Y también está el argumento de que, al no tener hijos, estamos negando a nuestros seres queridos una experiencia importante: ser padre, abuelo, tía o tío.

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Tuve que explicarle esto a mi amiga hace poco. En lugar de discutirlo en términos de por qué hice mi elección personal de no tener hijos, expliqué cómo, aunque esas razones podrían ser relevantes para mí, no son puntos de debate. Pedirle a una mujer sus razones para no tener hijos minimiza su derecho a denegar su consentimiento, y la obliga a justificar su decisión para que sea satisfactoria para otros.

Al final, sólo yo puedo decir qué le sucede o no a mi cuerpo. Exigir que yo justifique mi elección indica que el juicio sólo será reservado y mi decisión sólo será respetada en ciertas condiciones, y eso no está bien. Nunca voy a tener hijos, y mis razones no son asunto de nadie, sino mío. Es una decisión que nadie tiene el derecho de juzgar o desafiar, porque no se trata de ellos. La maternidad se trata de una mujer y su cuerpo, y ella es la única que tiene derecho a elegir lo que debería suceder allí.

Escrito por: Bonnee Crawford

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