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Hay que decirlo, las críticas estarán siempre.

Hay que decirlo, las críticas estarán siempre. Si haces las cosas bien o si las haces mal, si cumples tus metas ‘a tiempo’ o si haces las cosas a tu tiempo, si optas por seguir el sistema o si te animas a romperlo. Siempre, siempre habrá una voz con su respectivo feedback intentando por todos los medios hacerse oír.

Por estabilidad mental y paz emocional, no busquemos en las críticas una forma de validación. Si estamos seguros de lo que hacemos, ¿por qué esperar la aprobación de un tercero? ¡Anímate, arriésgate y apodérate de tus acciones! Si fracasas o no, esa es otra historia, y aunque el resultado no sea el esperado tampoco significa una catástrofe personal.

Adiós a los traumas que se generan por una crítica. Nos enseñaron a escuchar la opinión externa y ser respetuosos con los comentarios. Pero, ¿nos enseñaron a discernir las críticas? Cuán importante es conocer realmente quién genera el comentario para así saber si vale la pena interiorizarlo o no. Es que no todas las críticas son constructivas y muchas aparentemente constructivas vienen de personas que jamás han ‘construido’ algo. A veces las opiniones más inofensivas pueden cargar envidia o malas intenciones que se esconden bajo una fachada amable.

Escucho las críticas, acepto las que me sirven y desecho las que me restan. Que no nos califiquen de ególatras por decidir que nos resbale la opinión ajena no propositiva.

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Escrito por:
Paula Lanata Cedeño.
Politóloga en proceso. Creativa, pastelera y planner.

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Escrito por:
Paula Lanata Cedeño.
Politóloga en proceso. Creativa, pastelera y planner.

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