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¿Qué pasa cuando entre nosotras mismas nos odiamos?

Es un enemigo que a veces pasa desapercibido pero es muy peligroso. Está en las escuelas y colegios, en los lugares de trabajo, en las universidades, en los espacios públicos. Donde hay mujeres suele estar: ese odio entre chicas, gratuito, injustificado, estúpido.

Hemos batallado años por no ser discriminadas por los hombres, por no ser llamadas el sexo débil, por no ser odiadas solo por el hecho de ser mujeres. Es una lucha que peleamos con orgullo y fuerza. Pero hagamos una pausa: ¿qué pasa cuando entre nosotras mismas nos perjudicamos?

Cuando creamos rivalidades sin sentido, cuando le agarramos pica a otra mujer sólo porque sí, porque se viste más bonito o es más inteligente. Cuando llamamos ‘puta’ a la compañera que ha vacilado con varios chicos, cuando damos por sentado que la man guapísima “es bruta”, o cuando tildamos de mojigata a la que quiere llegar virgen al matrimonio.

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Nos hace daño a todas y cada una de nosotras: a las que dejamos que los estigmas prevalezcan en la sociedad, lanzando odio a otras, y a las que recibimos comentarios malintencionados que perforan nuestra autoestima. A veces somos la víctima y el victimario.

Muchas de esas conductas son producto de una sociedad que nos diseñó para competir. Para comparar la estética con concursos de belleza, para juzgar nuestros cuerpos mutuamente, para establecer parámetros imaginarios y decir qué está bien o mal en base a ellos, para sentirnos mal si llegamos a usar el mismo vestido que una amiga en una fiesta.

Es hora de romper esas cadenas mentales, de tumbar las barreras que nos separan entre mujeres y entender que la lucha es de todas. Si nos ponemos unas encima de los hombros de las otras, seremos gigantes, pero si nos dedicamos a derrumbarnos la una a la otra, estamos perdiendo el tiempo. La lucha está afuera. Aquí, adentro, entre nosotras, las negras, las blancas, las flacas, las gordas, las rubias, las que usan zapatos bajos, las que prefieren los tacones, las que aman el maquillaje en exceso y las que se muestran al mundo con la cara lavada… Todas. Tenemos que tomarnos de las manos y apoyarnos.

Escrito por: Thalíe Ponce.

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