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Dejemos de normalizar la adultez precoz en los niños. En otras palabras, dejemos de normalizar la hipersexulización de la infancia.

Dejemos de normalizar la adultez precoz en los niños. En otras palabras, dejemos de normalizar la hipersexulización de la infancia. Si ya tendrán la mayor parte de su vida siendo adultos ¿por qué no respetar aquellos primeros años? Hipersexualizar la infancia significa: preguntarle a una niña si tiene novio –también cuenta preguntarle a un niño cuántas novias tiene– o dejar que tus hijos crezcan bailando con naturalidad las letras obscenas que se escuchan en las fiestas infantiles.

En su momento, Little Miss Sunshine criticó en forma satírica los concursos de belleza infantiles. Las niñas no deben creer que su valor se encuentra netamente en el exterior: en los centímetros de su cintura, en el cabello perfecto o en el atuendo provocativo. Hipersexualizar la infancia significa invertir los valores de un ser humano, significa condenar a los niños a creer que no valen por lo que son sino por lo que proyectan.

La única forma de tener adultos sanos es que en su momento hayan sido niños sanos. Niños que cumplan sus ciclos, que vivan sus etapas y que no sientan presión social por adoptar roles que no les corresponden. Los problemas hay que identificarlos y llamarlos por su nombre. Que una niña pequeña use rímel no es sinónimo de belleza o ternura; es sinónimo de que detrás hay adultos que alteraron el curso normal de su niñez sin tomar en cuenta las consecuencias que podrán suscitarse.   

Más niñas jugando, menos niñas maquilladas.
Más niños corriendo, menos niños con actitudes de ‘machito’.
Más niñas ensuciándose, menos niñas con novios.
Más niños divirtiéndose, menos niños con la presión de convertirse rápidamente en hombres.

Escrito por: Redacción Awake

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