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La experiencia de ver ballenas jorobadas en Puerto López.

Este año me propuse algo que siempre había querido hacer: ir a ver las ballenas jorobadas en Puerto López.

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Las ballenas jorobadas vienen a nuestras costas entre Julio y Septiembre para aparearse y a dar a luz a sus bebés. En estos meses Puerto López está ocupado con salidas diarias de lanchas, todas con el objetivo de observar a estos increíbles animales.

El costo promedio de esta actividad es de $25. Nos contactamos con Machalilla tours, ubicado en el Malecón de Puerto López. A diferencia de muchos tours que salen directo desde el muelle, abordamos la lancha en el Parque Nacional Machalilla. (Si te mareas con facilidad, te aconsejo que te sientes en la parte de atrás.)

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Luego de unos 20 minutos navegando, una aleta surgió del agua, parecida a la de un tiburón o un delfín. La vimos aparecer y desaparecer, mientras nadaba junto a nosotros. Vislumbramos su nariz, su lomo y un ojo. Incluso desde la superficie te puedes dar una idea del tamaño masivo de estas creaturas.

Durante la observación, el guía nos enseñó cómo distinguir entre las hembras y los machos: los machos tienen cicatrices porque pelean entre ellos para demostrar quién es el más fuerte. Otra forma de demostrar su fuerza es saltando. “Las hembras por lo general saltan una vez y guardan el resto de su energía para cosas más importantes,” bromeó.

El bote giró de dirección, y a lo lejos, divisamos tres aletas nadando juntas. Eran dos machos persiguiendo a una hembra, tratando de impresionarla. Uno de los pretendientes comenzó a subir y bajar su cola repetidamente, en una danza de apareamiento, donde cada impacto resonaba en una explosión de agua. Esta debía ser la versión jorobada de flexionar los bíceps. Finalmente, el otro macho aceptó la derrota y desapareció, dejando solos a los nuevos tórtolos.

Continuando el viaje, subimos a la cima del barco para tener mejor visibilidad. Mientras disfrutábamos del sol y el delicioso viento, mis ojos escudriñaban las olas en busca de movimiento.

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Una chica nos enseñó las fotos que tomó de la cola del macho, y el capitán nos contó que las colas de las ballenas jorobadas son como una huella digital, sirven para identificar al animal. “Si le tomas foto a una cola y no está registrada, la envías al Museo de Ballenas y te dejan ponerle nombre.”

Pensé qué nombre le pondría a mi ballena. ¿Sería narcisista y la nombraría Claudia? ¿O tal vez un cursi ‘Willy’ para hacer homenaje a la película? ¿O tal vez un nombre no tan común como, no sé, Filomena? Un gemido a mi izquierda me sacó de mis pensamientos. Al voltearme, el cuerpo de una ballena jorobada en el aire, encorvado en una enorme C. En cuestión de un segundo, ya no estaba, como si hubiera sido obra de mi imaginación.

Sentí un privilegio de estar ahí en ese momento, y gratitud con estas creaturas por dejarnos observar su belleza y aprender de ellas. Definitivamente una experiencia para repetir.

Escrito por: Claudia Sensi Contugi.

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