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Conoce más de esta celebración ecuatoriana al estilo afro.

“Vamos a Limones, llevando a San Martín,” cantan desde la lancha más próxima. Navega por el río decorada con hojas de palmeras y flores, y el grupo de marimba baila, toca y canta, vestidos de blanco. “De ahí a Canchimalero, vamos con San Martín,” continúan.

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Más lanchas, algunas decoradas y con fieles cantando, viajan río abajo, en medio de murallas de árboles verdes, bajo el sol caliente que contrasta con el agua fría y dulce del río Santiago. Es el 3 de noviembre, día en el que murió San Martín de Porres, y los esmeraldeños del norte lo festejan con una procesión que empezará en la isla de Limones, y terminará en el islote aledaño de Canchimalero.

foto2Dicen los fieles que en este pueblo, allá por el año de 1963, llegó arrastrándose a la playa doña Aurelia Mosquera, quien, a punto de ahogarse luego de que su canoa se volcara, se encomendó a San Martín, y él la salvó empujándola hacia al pueblo.

En agradecimiento, doña Aurelia le construyó un nicho con la figura del santo, que desde entonces es sacado y llevado a Limones todos los 3 de noviembre, donde espera a los pobladores del río Santiago y Cayapas, quienes envían lanchas engalanadas y grupos de marimberos, para que naveguen con él hasta Canchimalero y le rindan homenaje.

Cuando el Santiago se abre para desembocar en el mar y la sal entra en los pulmones, en medio de telarañas de mangles, divisamos a la gabarra “Isla Puná,” donde viaja la principal figura del santo, en compañía del obispo Eugenio Arellano (quien viste gorro y túnicas afros de colores vivos), y autoridades religiosas y civiles.

Allí nos sumamos a las decenas de lanchas que la escoltan hasta Canchimalero.

Nos apresuramos por llegar al pueblo para encontrar espacio donde dejar nuestra lancha, pero en la playa apenas hay espacio, por lo que tenemos que saltar de una lancha a otra hasta pisar la arena.

Nos mezclamos con los fieles que esperan la llegada de la gabarra, mientras que las delegaciones principales de los pueblos tocan los bombos, los gausás, los cununos y las maracas, con un ocasional trago de guarapo para mantener la alegría a pesar del calor.

Al fin llega la gabarra, desde donde se arrojan frutas hacia las personas que esperan en la playa. Sacerdotes, invitados, turistas locales, y hasta gringos mochileros, todos arrojan frutas hacia la multitud expectante, como símbolo de abundancia, noqueando a más de uno.

 

 

La multitud se abre en una calle de honor, y el obispo camina bendiciendo a diestra y siniestra, hasta llegar a la capilla. Allí, las delegaciones de cada pueblo desfilan cantando, tocando y bailando, mientras llevan figuras de San Martín para ser bendecidas por el obispo. La procesión se cierra con la figura principal del santo de Canchimalero, y la misa empieza.

Una mujer canta en un micrófono. Improvisa letras que los fieles repiten al son del bombo. “A diosito yo lo adoro, a San Martín yo lo quiero.” “Demos gracias a San Martín, por reunirnos hoy aquí.” “Este santo es nuestro, es el santo de los negros.”

Fotografía: Mavizu – Imágenes traídas por los creyentes, celebración de la misa.
Fotografía: Mavizu – Imágenes traídas por los creyentes, celebración de la misa.

Luego de la misa, clérigos y autoridades se retiran. Los habitantes de cada pueblo que participó en la procesión se reúnen alrededor de su grupo de marimba, donde bailan, cantan y beben guarapo brindando por San Martín.

A medida que el sol se va escondiendo, la gente se embarca y se retira. Algunos agradeciendo al santo, otros tambaleando. Pero todos habiendo disfrutado la fiesta de San Martín. Una fiesta como solo los afros pueden celebrar. Con música y baile.

Escrito por: César Martínez.

1 Comentario

  1. Muy buena crónica.

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