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Conoce "Memo", la maravillosa iniciativa de Daniela Holguín.

Desde los 17 años, Daniela Holguín comenzó a trabajar a favor de los niños con cáncer. Fue su madre quien en un principio la motivó a realizar este proyecto, pues en la familia de su padre habían experimentado la enfermedad de cerca.

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¿Qué hacen los voluntarios de Memo? “Los hospitales son lugares aburridos”, dice Daniela. “Además está el miedo. El niño no está acostumbrado a que lo pinchen, a no tener a su mamá al lado”, agrega. Entonces hay que tratarlos con alegría, con diversión y sobre todo tratar de subirles el ánimo.

“El niño no deja de ser niño por más que esté enfrentándose a una enfermedad que lo obliga a crecer”.

Al preguntarle por el motivo que la llevó a trabajar en una causa tan dolorosa, ella nos responde que no es fácil, pero se trata justamente “de ayudar en algo que el resto de la gente no quiere hacer. Además, reconoce que la labor con niños no es para cualquiera y comprende cuando alguien se retira: “es una realidad tan dolorosa y mucha gente trata y no puede, dicen ‘me estoy hundiendo yo con el paciente’”. Sin embargo, sabe que quienes son activos en temas de voluntariado en esta área, y en especial el de tipo infantil, son personas dispuestas a que su vida cambie.

“Te enamoras de la causa, te apasionas y una vez que estás adentro ya no sales”.

Su pasión se refleja en la manera en que vive: desde adolescente dedicó su tiempo a la labor social, sacrificando las propias cosas que a esa edad son prioridad. En los primeros años le resultó muy difícil, pero con el tiempo, todos a su alrededor notaron cuánto significaba para ella y finalmente se involucraron.

Pocas personas viven cada minuto a plenitud, y eso Daniela lo ve de cerca con mucha frecuencia. Asevera que un adolescente que tiene cáncer infantil, quiere comerse el mundo: “al saber que puede fallecer, tiene ansiedad de conocer lo que no ha conocido, vivir lo que no ha vivido, compartir lo que no ha compartido. Si ya sabe que le va a tocar ingresar al día siguiente, pues ese día pide hamburguesa y todo lo que no le van a dar en el hospital.” Las frases que a veces repetimos de manera vacía son una realidad a la que ni Daniela ni los pacientes huyen: “la vida se aprecia más.”

A través del programa Cumpliendo Sueños, Memo trabaja con chicos que tienen un diagnóstico grave o terminal y les hace posible vivir una experiencia inolvidable con lo que más deseen. Un caso que Daniela recuerda con mucha ilusión es el de un niño del Oriente que quería ser piloto y fue posible, con la colaboración de una aerolínea, que el pequeño viajara de Quito a Guayaquil en la cabina junto al capitán de vuelo. “Se trata de romper las expectativas del niño y de su familia, crear un espacio donde los chicos sean los protagonistas”, acota.

Para Daniela, la vida significa hacer todo lo que se necesite para un día morir feliz. En su caso, la huella que quiere dejar es su lucha y su constancia para crear y mantener una institución que pueda seguir, aún sin ella, llevando alegría a otros y no conformarse con decir “ya me puedo morir, ya logré hacer todo”.

“Si vienes a este mundo y no dejas algo que inmortalice tu vida, ¿para qué viniste?”

Revela que mucha gente ingresó a Memo por decepciones y problemas en su vida personal, y que finalmente sanaron a través del voluntariado. Estas historias la conmueven y la dejan satisfecha de ser parte de algo que toca muchas vidas, que las llena de alegría y que de alguna manera, las inmortaliza. “Si vienes a este mundo y no dejas algo que inmortalice tu vida, ¿para qué viniste?”

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