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Vivir en equilibrio es irreal y buscarlo a cualquier precio solo causará frustraciones.

Atea, católica, bisexual, heterosexual, homosexual, vegana, vegetariana, musulmán, judía, latina, afroamericana, blanca, mujer, feminista, comunista, liberal, de izquierda, de derecha, pro aborto, pro choice, pro vida.

Cada quien tiene las suyas; si fueran tatuajes visibles, nos quedaría poco espacio libre de piel. Las llevamos puestas a todos lados, son parte de nuestra identidad y de muchas formas alimentan nuestro ego. Y cada vez que nos ponemos una inevitablemente, nos separamos de los que no la tienen: Yo aquí, y allá lejos el otro.

Sin ánimo de desestimar el valor, de la lucha de las minorías en el mundo por conseguir igualdad y reconociendo que esa igualdad no se ha conseguido aún. Pero con preocupación de ver, que mientras más radicales se han ido poniendo las posturas, la empatía por el otro se va perdiendo. Las genuinas ganas de escucharlo y respetar su postura, se desvanecen porque defender la propia postura se ha convertido en un dogma.

Como ejemplo de ellos, veamos dos eventos sucedidos en los últimos días:

El Club de Libro de Oprah Winfrey, sugiere un libro llamado “American Dirt” de Jeanine Cummins. El libro trata de una migrante mexicana y su hijo, que huyen de México hacia EEUU tras la amenaza de muerte por un cartel de drogas. El libro obtiene muy buenos comentarios e incluso una productora de cine, compra los derechos para la película. Cuando Oprah lo recomienda, llama la atención del público y se convierte en Best Seller, sin embargo, un grupo de lectores y escritores latinos, escriben a Oprah pidiéndole que quite el libro de su lista, pues la escritora no es latina, ni migrante y por tanto no tiene derecho de contar la historia, pues es una forma de explotación.

El tema termina hasta con amenazas a la editorial y a la escritora, de tal naturaleza, que la gira para presentar el libro se cancela por razones de seguridad.

El segundo evento, es que la película nominada al Oscar “1917” es severamente criticada por no tener suficientes representantes femeninas, ni afroamericanos. Aquí para justificar la reflexión, sería bueno mencionar que en el contexto histórico de cuando sucedió eso no figuraban mujeres como soldados y que los afroamericanos no eran mayoría en el ejercito británico.

Honestamente miro con miedo hacia donde vamos pues como dijo Descartes “Nunca se está más cerca de un extremo, que cuando se está en el otro”.

Me pregunto: ¿Por qué hay que ser Latino para contar una historia de Latinos? ¿Por qué empezar a censurarnos así? Escribir el libro del tema que escoja, es el derecho de un escritor. La narrativa de una película es de elección de su director. Respetar el derecho de ellos, es la base para que se respete el nuestro de leerlo o no leerlo y de verlo o no verlo.

Las etiquetas nos separan. Cuando traspaso una puerta pensando: soy mujer, latina, budista, heterosexual, entro sintiéndome separada, diferente. Pero si la traspaso pensando: soy un ser humano, entro a un lugar donde soy igual.

El filósofo Teilhard de Chardin dijo una frase: “Llegará el día que tras haber dominado el espacio, los vientos, las mareas y la gravitación dominemos para Dios la energía del amor. Y ese día por segunda vez en la historia, habremos descubierto el fuego”

Quizá la verdadera igualdad se consiga el día en que usando la energía del amor, nos quitemos todas las etiquetas, excepto la de ser humano.

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Escrito por:
Caridad Wright
Abogada. Master en Derecho Tributario. Periodista de Viajes. Colaboradora de la “Revista Hola”. Fundadora del Blog “The Wonderlust Style”.

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Escrito por:
Caridad Wright
Abogada. Master en Derecho Tributario. Periodista de Viajes. Colaboradora de la “Revista Hola”. Fundadora del Blog “The Wonderlust Style”.

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